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jueves, 2 de mayo de 2019

Al contra lucha

Photo - {author}
Tirotean en las calles los mendigos
sin más pan que las balas huecas
mientras los esposos esposan las alas
de aquellas a quienes juraron amar.
La ley tienen por égida
los criminales declarados a la hacienda
mientras en los soportales pancartas negras
hipotecan las lágrimas desahuciadas.
Y entre tanto verdes celulosas ajardinan
los trajes de oro de los reelegidos.
¿Por qué enrabietar con la inocencia
si con la misma violencia
podemos optar por terminar?

Iraultza Askerria

martes, 31 de mayo de 2016

Al contra lucha

Photo - {author}
Tirotean en las calles los mendigos
sin más pan que las balas huecas
mientras los esposos esposan las alas
de aquellas a quienes juraron amar.
La ley tienen por égida
los criminales declarados a hacienda
mientras en los soportales pancartas negras
hipotecan las lágrimas desahuciadas.
Y entre tanto, verdes celulosas ajardinan
los trajes de oro de los reelegidos.
¿Por qué enrabietar con la inocencia
si con la misma violencia
podemos optar por terminar?

Iraultza Askerria

jueves, 10 de julio de 2014

El bosque

Muir Woods National Monument - Héctor García

Circulando por aquella despoblada carretera, a varios kilómetros de la ciudad, la única huella de vida que podía encontrarse era la selva impenetrable y repelente que flanqueaba la autopista. Los árboles robustos, cual guardianes protegidos gracias al compacto apoyo de sus hermanos vegetales, resultaban gigantescas y apagadas antorchas clavadas en la tierra, cuyas cimas se zarandeaban como las llamas de una hoguera, bailando con resplandores pardos y verduscos. Los matorrales, barullos ilimitados de delgadas ramas, espinas rotas y raíces embarradas, tenían como corona la hojarasca que descendía de los árboles mayores, obteniendo un aspecto de ficticia solemnidad. Ya las flores sólo eran una ilusión pisoteada por el desapego y la tosquedad de los arbustos: nimias y polícromas gotas de vida extraviadas en un torbellino de agitaciones desinteresadas.


Así pues, el bosque ancestral, la selva inexplorada, aquella maraña de verdor casto perdía el atractivo que solía anteceder a las florestas tropicales y a las arboledas solitarias y románticas. El bosque era algo incivilizado, una muestra frecuente para la naturaleza, pero infrecuente para el ser humano.


Aquel bosque, al fin y a la postre, erigía una de las pocas barreras que la mujer y el hombre aún no había traspasado.




Extracto de Sexo, drogas y violencia , de Iraultza Askerria


jueves, 5 de junio de 2014

Una idea excitante


Kumbia Queers - Montecruz Foto A nadie en toda la estancia le importaba la audición del guitarrista, con excepción de a Eva, la cual se había hecho con la idea de acostarse con él, una idea que se acrecentaba con cada mirada. No le quitaba el ojo de encima, y no se lo quitaría mientras el cuerpo del hombre no estuviese impregnado de su mortal sangre.


No sabía exactamente qué cualidad física le atraía tanto de aquel músico, tal vez sus membrudos brazos que no dejaban de tañer la guitarra, o quizá, ese fulgor expresivo que descollaba de sus pupilas. Ignoraba por qué poseía unas ganas inmensas de hacer el amor con él sabiendo que podía juguetear sin embarazo con cualquier camarero del local. Siendo pariente de quien era, Eva podía consumar todos sus caprichos, llevando a la cama a alguno de los empleados o, si lo quisiese, a todos ellos. Sin embargo, se sentía cautivada por la presencia del guitarrista.


Nadie le aseguraba que lograría acostarse con aquel hombre, y esa posibilidad de fracaso la excitaba. Quería flirtear con él sentada en la barra del bar, sintiendo la intriga y la ilusión, las punzadas de astucia y los intentos de galanteo. Tenía que seducirlo, algo que le causaba un morbo orgásmico, un éxtasis excepcional.



Extracto de Sexo, drogas y violencia , de Iraultza Askerria


martes, 29 de abril de 2014

Sin aliento



Calla! - Shivenis Los brazos proseguían oprimiendo la garganta de la mujer con una malevolencia mecánica.


Escuchó los jadeos sordos de aquella infeliz, una combinación de mortal resuello y tos repentina. Los ojos comenzaban a postrarse ante las tinieblas mientras las piernas se tornaban dóciles ante las secretas caricias de la muerte. Al final, incluso la sangre que manaba bajo su cuello se hizo más pesada y viscosa, más lenta; achicadas como estaban las venas y las arterias.


Tras unos minutos de intensa agonía, la mujer se quedó completamente inmóvil, con los ojos desorbitados y los labios entreabiertos, con un gesto de horror en el rostro que jamás se borraría.



Extracto de Sexo, drogas y violencia , de Iraultza Askerria



martes, 1 de abril de 2014

Un cadáver sonriente


El entrañable cadaver - Ferran Jordà Soltó un gemido cuando reconoció el rostro del hombre que yacía en mitad del bosque, cubierto de sangre seca y con una bala incrustada en el abdomen. Las escasas hojas que intentaban vanamente cubrir el fiambre mostraban unos ojos abiertos de par en par, colmados de lujuria y sadismo.


El cadáver de aquel asesino metódico y sagaz parecía un espíritu endiablado sin compañía. De los párpados abiertos se derramaba una chispa de felicidad, reforzada por la sonrisa imborrable de una boca insensible. Parecía que su rostro se deleitaba con la muerte, incluso con su propia muerte. Pero ya no podría deleitarse con nada.


Después de haber hecho el amor con una hermosa mujer y después de haber asesinado a una hermosa mujer, su noche se había terminado.


Para siempre.



Extracto de Sexo, drogas y violencia , de Iraultza Askerria


martes, 4 de marzo de 2014

La sugerencia ignorada



Simetrías asimétricas - Chema Concellón Le había sugerido a Judas que almacenase los bidones de carburante en el ático del bar, donde el nauseabundo olor no importunase a nadie; pero éste había hecho caso omiso del consejo, como si sus palabras le entrasen por un oído y le saliesen por otro. Quizá, para que le quedasen las cosas claras, debía coger un cuchillo y extirparle una oreja.


Ya lo pensaría más tarde.



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jueves, 2 de enero de 2014

El asesino cobarde

The Eye of Eliza - Augusto Serna Jesús observaba ahogado como Eva se ahogaba en lágrimas. Sentía la congoja ubicarse entre los recovecos de sus arterias, inflándolas de impotencia. Quería acercarse a ella, rodearle la espalda y ofrecerle un hombro donde apoyarse, pero Jesús siempre se había antojado un hombre sin escrúpulos, imperturbable, sin corazón y con una eminente fuerza de raciocinio. Las pocas veces en las que se sentía humano, un sensible humano, era cuando Eva se oponía a su alma inexorable, ya fuese con gritos o con lágrimas. Sin embargo, el mismo valor que empleaba para asesinar a sus enemigos se disolvía ante el trato sensible y tierno que deseaba inculcarle a la mujer.


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martes, 26 de noviembre de 2013

El acecho

Al acecho - Malia León Respirando el aire con dificultad, recuperó la templanza de su cordura, de su frialdad y de su solicitud. Tras internarse en el bosque, se detuvo frente a un matorral cuyo ramaje le permitía contemplar el porche del edificio. Ahí, frente a la entrada del local, había tres robustos individuos que charlaban desinteresadamente. Vislumbró a la derecha del edificio un cobertizo destinado a acoger los múltiples vehículos de los clientes. Asimismo, aparcado en un lateral de la carretera, había un ostentoso automóvil, propiedad de Jesús, que permanecería estacionado en aquel lugar toda la noche. Tras respirar hondo, examinar cuidadosamente el exterior del bar de Judas, y distribuir las ideas de su mente en una biblioteca clara y propia, Herodes decidió volver a su vehículo.

Y entonces, al volverse, le vio.


Le habían descubierto.




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martes, 20 de agosto de 2013

El motor


Jimmy - Hamed Saber El motor ronroneaba como un gato en celo, con gruñidos suaves y pasajeros provistos de un silbido inherente de satisfacción; mientras las ruedas giraban con delicadeza romántica sobre el asfalto enjoyado que ceñía una senda misteriosa, íntima y virgen.

Tras mirar el reloj de su muñeca, el conductor pisó el acelerador violentamente. Al instante, el motor comenzó a toser de agonía, al tiempo que los neumáticos se arrastraban cual fustigados galgos sobre una calzada repleta de baches y piedras sueltas.

Pronto, los árboles se mostraron coléricos ante la contaminante y ruidosa velocidad del intruso automóvil. Las estrellas se apagaron para dificultar la circulación de aquella sangrante máquina de gasóleo. Las hojas verdes y resplandecientes se agitaron emitiendo un aullido fantasmagórico, como un lobo enfrascado en una demencia psicopática; y la oscuridad se agolpó frente a la cristalina luna del automóvil, cegándolo.

El conductor frenó, súbitamente.

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martes, 2 de julio de 2013

Ambrosía



Working the Lines & Angles - Dragon Online

Se lanzó sobre ella como una tigresa se lanza sobre su inofensiva presa. Con rabia pasional, le arrancó a mordiscos los botones de la blusa blanca. Deslizó los labios por el desnudo vientre de su amante y besó el margen de la minifalda negra. Introdujo la traviesa lengua bajo la prenda, mientras Magdalen cerraba los ojos en un lamento de éxtasis. Eva comenzó un ascenso hasta los pechos de la mujer, donde sus dientes resbalaron por las hermosas montañas de tierna carne, en cuya elevada cima se erigía un estandarte de rica ambrosía.

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viernes, 14 de junio de 2013

Masturbación




Respiró hondo, con los ojos cerrados. En su imaginación, el cuerpo de Eva se delineó sin prendas, sin tapujos que ocultasen el pudor de sus encantos femeninos. La piel se mostraba límpida y sedosa, sin arrugas, sin lunares, sin impurezas.


La imaginó tendida sobre el lecho, sobre un cómodo y hermoso cobertor como las plumas de un pavo real. En la mente de Leví, las piernas de Eva estaban tímidamente separadas, ostentando el cabello púbico y el rostro genital; virtudes que despertaban el deseo carnal del hombre.


Casi sin percatarse, Leví comenzó a deslizar los dedos por su miembro viril, de arriba abajo, de abajo arriba, masturbándose placenteramente mientras el cerebro pintaba un apasionado retrato de fornicación.


Él se tendía sobre la grácil Eva, con el falo erecto y dispuesto, mientras ella le tomaba de las manos y las colocaba sobre sus ardientes pechos. Él besaba sus pezones, casi mordiéndolos como un caníbal. Luego la penetraba sin pausa. Los gemidos de ella se distorsionaban con su respiración cortada por el éxtasis.



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jueves, 23 de mayo de 2013

Perdida



La astucia del tiempo se negaba a tañer las campanas de la aurora, dilatando la tenebrosidad de la noche como un funesto paseo de la muerte ante las lápidas de los difuntos a quienes había arrebatado la vida, y ahora, la eternidad quería arrebatar. Eva se sentía circundada por las uñas y los látigos de una oscuridad dominada por el fin, y no era capaz de encontrar entre tanta sombra una estela de luz, un sol ardiente que le devolviese el dulce sabor por la vida.



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jueves, 9 de mayo de 2013

Porque quise ser feliz



La víctima se retorcía entre alaridos, ahogado en la sangre que manaba por los dos orificios abiertos en su cuerpo. El primer impacto había desgarrado la carne del pescuezo, mientras que la otra bala había aterrizado en la parte dorsal del pulmón izquierdo. Moriría asfixiado en breves minutos.


—¿Por qué? —gimió, enfocando el distorsionado semblante de su asesino.


El pistolero se reveló con la mirada perdida en la abundante sangre del vestíbulo. Las piernas le palpitaban de miedo, seguidas del sonido chirriante de sus dientes. Aún mantenía el brazo diestro horizontal, aferrando el arma homicida. Recobrando el valor instintivo que había mostrado unos segundos atrás, se encaminó hacia su moribunda víctima.


Su lamentable aspecto le hizo estremecer.


—¿Por qué? —repitió la víctima.


Brother-Fabrizio Rinaldi

El pistolero se detuvo a una distancia considerable, dispuesto a responder:


—Por qué te preguntas. Yo también me pregunto por qué. ¿Por qué has asesinado a tantos inocentes? ¿Por qué has robado a tantos individuos? ¿Por qué has jodido la vida de tantos hombres? ¿Por qué? ¿Por qué? ¡Qué Dios te perdone por la bestia que fuiste en vida! Espero que la muerte te convierta en el hombre que nunca fuiste.


Alzó la pistola, dispuesto a terminar con el sufrimiento de su víctima. Pero se percató de que no era necesario.


—¿Por qué…? Porque quise ser feliz. ¿Por qué sino?


Fueron sus últimas palabras.



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domingo, 28 de abril de 2013

Una chispa de excitación



Era tan apuesto, tan hábil en su movimiento manual…, que se preguntaba si sus dedos serían tan agradables pulsando las melodías guardadas entre sus muslos. Le imaginó desnudo, sin esa camisa, sin esos pantalones ceñidos, sin la ropa interior que le arrancaría a mordiscos. Le imaginó tendido sobre ella, soportando su sagrado peso contra la cadera, percibiendo como el sudor recorría sus cuerpos flamígeros, mirándose recíprocamente con las pupilas extraviadas en el culminante éxtasis. Imaginó la saliva varonil y meliflua descender empalagosamente por su propia garganta.


Sus ojos femeninos chispeaban de excitación, rehuyendo de la ferocidad de su hermano.


—¡Qué me des tu móvil, joder! —Su hermano alcanzó la culminación de la ira. Empuñó con ambas manos el fusil, miró al otro hombre y le disparó—. ¡Y mírame a la cara cuando te hable!


Se hizo un completo silencio, un silencio puntualmente roto por la caída de un cadáver.



Extracto de Sexo, drogas y violencia , de Iraultza Askerria





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domingo, 17 de marzo de 2013

Aún cuando no era mía



Disfruto del recuerdo; de las líneas del pasado que se esbozan tras mis ojos dibujadas por los lápices del más expresivo y preciso pintor. Evoco sus labios, chicos como una perla, que pese a su pequeñez, resplandecen más que el más grande diamante. Y más feliz me siento, a más recordar las noches que se nutrió entre mis brazos, bebiendo de mi piel, sorbiendo de mi boca, comiendo de mis latidos. Mas el recuerdo… es nostalgia, añoranza, menos felicidad.


Te miro. Te envidio. Te odio. Te recuerdo con ella, junto a ella, y siento que eres la daga de la traición.


Una lágrima se derrama desde mis ojos.


Yo la amaba, yo la he amado más que cualquiera, yo me he rendido a sus encantos ofreciéndole el sacrificio de los míos, yo la he adorado como a una deidad, la he amparado como a un frágil tesoro…, y tú me la arrebataste, aun cuando no era mía.



Extracto de Rayo de luna , de Iraultza Askerria





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martes, 26 de febrero de 2013

La mecánica del sexo



Las caricias y los susurros de ternura brotaron como el gas de un motor de combustión; un acto tantas veces ejercido se había transformado en un procedimiento instintivo e inconsciente.


Así, los dedos de él aferraban los muslos de ella con una firmeza automática. Los besos, los roces, los intercambios de sonrisas y de gemidos, los extravíos en la fulgente mirada del otro, el aroma a fusión fatigada, el cenit de la unión carnal… Todo aquello había perdido la intriga y el nerviosismo de la inexperiencia. Ahora todo consistía en un mecánico tráfico de sexo y de goce.


Pero, al igual que la primera vez, proseguía siendo una práctica deliciosa y apetecible, una sensación que les hacía sentirse vivos, eufóricos y colmados de fortuna, casi a punto de rozar el cielo con sus dedos terrenales.



Extracto de Sexo, drogas y violencia , de Iraultza Askerria





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viernes, 15 de febrero de 2013

El aroma del whisky


De esta forma, Magdalen escanció cuatro copas del licor escocés. Su transparencia odorífera resplandecía con un color vivo y ambarino, como un cristal de oro diáfano. La cálida fragancia de su cauce convertía la atmósfera en un vergel de rosas, embriagadoras de la mente. Su poder aromático podía extenderse por todo el aire, evolucionando en el ambiente, suprimiendo los restantes olores que pudiesen eclipsar su exclusivo perfume a alcohol.

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miércoles, 13 de febrero de 2013

El bosque



Circulando por aquella despoblada carretera, a varios kilómetros de la ciudad, la única huella de vida que podía encontrarse era la selva impenetrable y repelente que flanqueaba la autopista. Los árboles robustos, cual guardianes protegidos gracias al compacto apoyo de sus hermanos vegetales, resultaban gigantescas y apagadas antorchas clavadas en la tierra, cuyas cimas se zarandeaban como las llamas de una hoguera, bailando con resplandores pardos y verduscos. Los matorrales, barullos ilimitados de delgadas ramas, espinas rotas y raíces embarradas, tenían como corona la hojarasca que descendía de los árboles mayores, obteniendo un aspecto de ficticia solemnidad. Ya las flores sólo eran una ilusión pisoteada por el desapego y la tosquedad de los arbustos: nimias y polícromas gotas de vida extraviadas en un torbellino de agitaciones desinteresadas.


Así pues, el bosque ancestral, la selva inexplorada, aquella maraña de verdor casto perdía el atractivo que solía anteceder a las florestas tropicales y a las arboledas solitarias y románticas. El bosque era algo incivilizado, una muestra frecuente para la naturaleza, pero infrecuente para el ser humano.


Aquel bosque, al fin y a la postre, erigía una de las pocas barreras que la mujer y el hombre aún no había traspasado.



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