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jueves, 8 de marzo de 2018

Tercetos a un hermano ofendido por el amor

Posta de sol al Passeig de la Ribera, Sitges - {author}
Como aquel que rompiendo las cadenas
de las esclavitudes deshonrosas
y corre hasta una fuente a aliviar penas.
Como aquel que llorando a decorosas
mujeres que nos roban corazones,
se cava entre sus lágrimas las fosas
de la muerte, ponzoña de pasiones,
que es la causa del lúgubre destino
que acorrala a tantísimos varones.
Como aquel desdichado que en el vino
ahoga llanto y dice: “por no verte
que se agote hoy mi triste desatino”.
Como aquel que escapando de la muerte
corre en busca de afecto de un hermano,
a plañir y cantar su mala suerte.
Mas no encuentra consuelo en esa mano
sino una confidencia traicionera
pues ni mujer ni hermano en el verano
perdieron tiempo al sol de la ribera.

Iraultza Askerria

martes, 19 de diciembre de 2017

El caballo de Helena

Caballo 003 - {author}Sobre la alfombra de la habitación, reposa un caballo de juguete. Está esculpido en madera, con unos ojos cilíndricos de color azul que parecen estallar en lágrimas. En su lomo se ha cincelado un epígrafe con letras rojas, apasionadas, llenas de cariño. Rezan lo siguiente: “betirako maite zaitut”, y debajo, con una grafía diminuta, aparece el nombre del escultor. Al lado, el de la princesa a quien va dedicado semejante regalo. Un juguete con forma de caballo y corazón que llora ante la soledad a la cual se le ha desterrado.

En la misma habitación, en una cama individual que limita con la alfombra, se escuchan unos gemidos intermitentes, agudos e intensos. Los muelles del colchón gritan infieles ante la ofensa de su uso. La almohada se encoje ante el sudor lujurioso de los dos amantes. Y el caballo de madera, exiliado en la alfombra, contempla entre lágrimas cómo su amada abre las piernas a un amor desconocido.

El aire se vicia y la luz se ensombrece; los segundos se ahogan y el cariño agoniza; la vida parece una ironía y la muerte un destino anhelado. Ante los ojos del juguete de madera, su Helena ha regresado con Menelao.

El caballo cierra los párpados, incapaz de asistir a tanta deslealtad y desapego. No quiere mirar; se enclaustra en sus pensamientos recordando el duro trabajo que le supuso al escultor tallar su cuerpo.

Unos minutos después, el hombre se baja de la cama y aterriza encima del juguete de madera.

El caballo se parte en dos, como un corazón roto.

Iraultza Askerria

martes, 17 de marzo de 2015

Tercetos a un hermano ofendido por el amor

Posta de sol al Passeig de la Ribera, Sitges - {author}
Como aquel que rompiendo las cadenas

de las esclavitudes deshonrosas

y corre hasta una fuente a aliviar penas.

Como aquel que llorando a decorosas

mujeres que nos roban corazones,

se cava entre sus lágrimas las fosas

de la muerte, ponzoña de pasiones,

que es la causa del lúgubre destino

que acorrala a tantísimos varones.

Como aquel desdichado que en el vino

ahoga llanto y dice: “por no verte

que se agote hoy mi triste desatino”.

Como aquel que escapando de la muerte

corre en busca de afecto de un hermano,

a plañir y cantar su mala suerte.

Mas no encuentra consuelo en esa mano

sino una confidencia traicionera

pues ni mujer ni hermano en el verano

perdieron tiempo al sol de la ribera.


Iraultza Askerria


jueves, 8 de enero de 2015

El caballo de Helena


Caballo 003 - {author} Sobre la alfombra de la habitación, reposa un caballo de juguete. Está esculpido en madera, con unos ojos cilíndricos de color azul que parecen estallar en lágrimas. En su lomo se ha cincelado un epígrafe con letras rojas, apasionadas, llenas de cariño. Rezan lo siguiente: “betirako maite zaitut”, y debajo, con una grafía diminuta, aparece el nombre del escultor. Al lado, el de la princesa a quien va dedicado semejante regalo. Un juguete con forma de caballo y corazón que llora ante la soledad a la cual se le ha desterrado.En la misma habitación, en una cama individual que limita con la alfombra, se escuchan unos gemidos intermitentes, agudos e intensos. Los muelles del colchón gritan infieles ante la ofensa de su uso. La almohada se encoje ante el sudor lujurioso de los dos amantes. Y el caballo de madera, exiliado en la alfombra, contempla entre lágrimas cómo su amada abre las piernas a un amor desconocido.


El aire se vicia y la luz se ensombrece; los segundos se ahogan y el cariño agoniza; la vida parece una ironía y la muerte un destino anhelado. Ante los ojos del juguete de madera, su Helena ha regresado con Menelao.


El caballo cierra los ojos, incapaz de asistir a tanta deslealtad y desapego. No quiere mirar; se enclaustra en sus pensamientos recordando el duro trabajo que le supuso al escultor tallar aquel juguete.


Unos minutos después, el hombre se baja de la cama y aterriza encima del juguete de madera.


El caballo se parte en dos, como un corazón roto.


Iraultza Askerria



martes, 21 de enero de 2014

domingo, 17 de marzo de 2013

Aún cuando no era mía



Disfruto del recuerdo; de las líneas del pasado que se esbozan tras mis ojos dibujadas por los lápices del más expresivo y preciso pintor. Evoco sus labios, chicos como una perla, que pese a su pequeñez, resplandecen más que el más grande diamante. Y más feliz me siento, a más recordar las noches que se nutrió entre mis brazos, bebiendo de mi piel, sorbiendo de mi boca, comiendo de mis latidos. Mas el recuerdo… es nostalgia, añoranza, menos felicidad.


Te miro. Te envidio. Te odio. Te recuerdo con ella, junto a ella, y siento que eres la daga de la traición.


Una lágrima se derrama desde mis ojos.


Yo la amaba, yo la he amado más que cualquiera, yo me he rendido a sus encantos ofreciéndole el sacrificio de los míos, yo la he adorado como a una deidad, la he amparado como a un frágil tesoro…, y tú me la arrebataste, aun cuando no era mía.



Extracto de Rayo de luna , de Iraultza Askerria





Archivado en: Libros, Rayo de luna Tagged: adoración, Amante, Amor, Celo, envidia, lágrima, libro, luna, Noche, Odio, posesión, rayo, Relato, Traición, violencia

sábado, 30 de abril de 2011

Tercetos a un hermano ofendido por el amor


Como aquel que rompiendo las cadenas
de las esclavitudes deshonrosas
y corre hasta una fuente a aliviar penas.

Como aquel que llorando a decorosas
mujeres que nos roban corazones,
se cava entre sus lágrimas las fosas

de la muerte, ponzoña de pasiones,
que es la causa del lúgubre destino
que acorrala a tantísimos varones.

Como aquel desdichado que en el vino
ahoga llanto y dice: “por no verte
que se agote hoy mi triste desatino”.

Como aquel que escapando de la muerte
corre en busca de afecto de un hermano,
a plañir y cantar su mala suerte.

Mas no encuentra consuelo en esa mano
sino una confidencia traicionera
pues ni mujer ni hermano en el verano
perdieron tiempo al sol de la ribera.

Iraultza Askerria