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jueves, 2 de noviembre de 2017

¿Te acuerdas?

te-acuerdas
Como música la brisa,
nos besamos en la playa.
¿Te acuerdas mi vida
de ese hermoso día?
Caminamos por la orilla
con las manos agarradas.
¿Te acuerdas luz mía
de aquel todavía?
Ya las olas con envidia
un “¡te quiero!” escuchaban.
¿Te acuerdas mi niña
cuánto me decías?
Horizontes que me abrías
con promesas que jurabas.
¿Te acuerdas María
de tantas mentiras?
¿Te acuerdas…?
¡Di!
¿Te acuerdas…?
Calla… por mi vida…
No lo digas…

Iraultza Askerria

martes, 28 de octubre de 2014

¿Te acuerdas?



Como música la brisa,

nos besamos en la playa.

¿Te acuerdas mi vida

de ese hermoso día?

Caminamos por la orilla

con las manos agarradas.

¿Te acuerdas luz mía

de aquel todavía?

Ya las olas con envidia

“¡te quiero!” escuchaban.

¿Te acuerdas mi niña

cuánto me decías?

Horizontes que me abrías

con promesas que jurabas.

¿Te acuerdas María

de tantas mentiras?

¿Te acuerdas…?

¡Di!

¿Te acuerdas…?

Calla… por mi vida…

No lo digas…

Iraultza Askerria



martes, 29 de abril de 2014

Sin aliento



Calla! - Shivenis Los brazos proseguían oprimiendo la garganta de la mujer con una malevolencia mecánica.


Escuchó los jadeos sordos de aquella infeliz, una combinación de mortal resuello y tos repentina. Los ojos comenzaban a postrarse ante las tinieblas mientras las piernas se tornaban dóciles ante las secretas caricias de la muerte. Al final, incluso la sangre que manaba bajo su cuello se hizo más pesada y viscosa, más lenta; achicadas como estaban las venas y las arterias.


Tras unos minutos de intensa agonía, la mujer se quedó completamente inmóvil, con los ojos desorbitados y los labios entreabiertos, con un gesto de horror en el rostro que jamás se borraría.



Extracto de Sexo, drogas y violencia , de Iraultza Askerria



sábado, 9 de febrero de 2013

Sin aliento



Los brazos proseguían oprimiendo la garganta de la mujer con una malevolencia mecánica.


Escuchó los jadeos sordos de aquella infeliz, una combinación de mortal resuello y tos repentina. Los ojos comenzaban a postrarse ante las tinieblas mientras las piernas se tornaban dóciles ante las secretas caricias de la muerte. Al final, incluso la sangre que manaba bajo su cuello se hizo más pesada y viscosa, más lenta; achicadas como estaban las venas y las arterias.


Tras unos minutos de intensa agonía, la mujer se quedó completamente inmóvil, con los ojos desorbitados y los labios entreabiertos, con un gesto de horror en el rostro que jamás se borraría.



Extracto de Sexo, drogas y violencia , de Iraultza Askerria





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