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martes, 2 de mayo de 2017

Rosa de mi tumba

Fotos Cementerio de Vegueta : El Guardián de La Memoria. Las Palmas de Gran Canaria - El Coleccionista de Instantes
Ya habiéndose mi amor adormilado
en el lecho aciago de la memoria,
acudió una princesa hasta mi tumba
a adornarla de rosas.
Yo me revolví junto a los gusanos
que roían mi piel poca a poca,
queriendo conocer a esa exquisita
desconocida sombra.
Adivinarlo nunca pude, y hoy
me pregunto, ¿quién era aquella moza
que cubrió mi cadáver con las flores
de tan dulce aroma?

Iraultza Askerria

martes, 1 de julio de 2014

Rosa de mi tumba

Fotos Cementerio de Vegueta : El Guardián de La Memoria. Las Palmas de Gran Canaria - El Coleccionista de Instantes
Ya habiéndose mi amor adormilado

en el lecho aciago de la memoria,

acudió una princesa hasta mi tumba

a adornarla de rosas.

Yo me revolví junto a los gusanos

que roían mi piel poca a poca,

queriendo conocer a esa exquisita

desconocida sombra.

Adivinarlo nunca pude, y hoy

me pregunto, ¿quién era aquella moza

que cubrió mi cadáver con las flores

de tan dulce aroma?

Iraultza Askerria



martes, 1 de abril de 2014

Un cadáver sonriente


El entrañable cadaver - Ferran Jordà Soltó un gemido cuando reconoció el rostro del hombre que yacía en mitad del bosque, cubierto de sangre seca y con una bala incrustada en el abdomen. Las escasas hojas que intentaban vanamente cubrir el fiambre mostraban unos ojos abiertos de par en par, colmados de lujuria y sadismo.


El cadáver de aquel asesino metódico y sagaz parecía un espíritu endiablado sin compañía. De los párpados abiertos se derramaba una chispa de felicidad, reforzada por la sonrisa imborrable de una boca insensible. Parecía que su rostro se deleitaba con la muerte, incluso con su propia muerte. Pero ya no podría deleitarse con nada.


Después de haber hecho el amor con una hermosa mujer y después de haber asesinado a una hermosa mujer, su noche se había terminado.


Para siempre.



Extracto de Sexo, drogas y violencia , de Iraultza Askerria


domingo, 28 de abril de 2013

Una chispa de excitación



Era tan apuesto, tan hábil en su movimiento manual…, que se preguntaba si sus dedos serían tan agradables pulsando las melodías guardadas entre sus muslos. Le imaginó desnudo, sin esa camisa, sin esos pantalones ceñidos, sin la ropa interior que le arrancaría a mordiscos. Le imaginó tendido sobre ella, soportando su sagrado peso contra la cadera, percibiendo como el sudor recorría sus cuerpos flamígeros, mirándose recíprocamente con las pupilas extraviadas en el culminante éxtasis. Imaginó la saliva varonil y meliflua descender empalagosamente por su propia garganta.


Sus ojos femeninos chispeaban de excitación, rehuyendo de la ferocidad de su hermano.


—¡Qué me des tu móvil, joder! —Su hermano alcanzó la culminación de la ira. Empuñó con ambas manos el fusil, miró al otro hombre y le disparó—. ¡Y mírame a la cara cuando te hable!


Se hizo un completo silencio, un silencio puntualmente roto por la caída de un cadáver.



Extracto de Sexo, drogas y violencia , de Iraultza Askerria





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jueves, 7 de febrero de 2013

Un cadáver sonriente



Soltó un gemido cuando reconoció el rostro del hombre que yacía en mitad del bosque, cubierto de sangre seca y con una bala incrustada en el abdomen. Las escasas hojas que intentaban vanamente cubrir el fiambre mostraban unos ojos abiertos de par en par, colmados de lujuria y sadismo.


El cadáver de aquel asesino metódico y sagaz parecía un espíritu endiablado sin compañía. De los párpados abiertos se derramaba una chispa de felicidad, reforzada por la sonrisa imborrable de una boca insensible. Parecía que su rostro se deleitaba con la muerte, incluso con su propia muerte. Pero ya no podría deleitarse con nada.


Después de haber hecho el amor con una hermosa mujer y después de haber asesinado a una hermosa mujer, su noche se había terminado.


Para siempre.



Extracto de Sexo, drogas y violencia , de Iraultza Askerria





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martes, 17 de agosto de 2010

Rosa de mi tumba

Ya habiéndose dormido mi amor
en el lecho aciago de la memoria,
acudió una princesa hasta mi tumba
a adornarla de rosas.


Yo me revolví junto a los gusanos
que roían mi piel poca a poca,
queriendo conocer a esa exquisita
desconocida sombra.


Adivinarlo nunca pude, y hoy
me pregunto, ¿quién era aquella moza
que cubrió mi cadáver con las flores
de tan dulce aroma?


Iraultza Askerria