Cita

Autor
Mostrando entradas con la etiqueta lectura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta lectura. Mostrar todas las entradas

jueves, 1 de febrero de 2018

Mi libro

Under the tree - {author}
Eres el verso alado que recorre
la prosa entera sin punto final,
un cúmulo de libros vertical
que se eleva cual una vasta torre.
Que en tu tez de papel mi boca borre
cualquier arruga o huella lagrimal,
que no quiero más que escribirte tal
poema, cuento o son que te socorre.
Porque tu eres mi libro y poesía,
mi cuerpo celulosa y tinta oscura,
mi musa, risa, verso y escritura.
Pues yo antes de saber de ti escribía
tan solo un triste llanto de locura,
y ahora sé escribir literatura.

Iraultza Askerria

jueves, 30 de noviembre de 2017

Triste lectura

Triste lectura - {author}
Ando un poquito triste reyelendo
las penas de antiquísimos poetas,
los que estuvieron antes transcribiendo
los amores que hicieron las maletas.
Y ando también con la lectura viendo
que a lo lejos se van tus silüetas,
olvidando el amor que prometiendo
se llevó mis sonrisas bien sujetas.
Ya no vendrás a verme a los altares,
ya no atravesarás por mí los mares.
Yo iré a buscarte lejos. Te habrás ido.
Porque tu amor fue bala, disparada
allá de la promesa apalabrada,
donde esta se quedó en el triste olvido.

Iraultza Askerria

martes, 27 de enero de 2015

Mi libro



Eres el verso alado que recorre

la prosa entera sin punto final,

un cúmulo de libros vertical

que se eleva cual una vasta torre.

Que en tu tez de papel mi boca borre

cualquier arruga o huella lagrimal,

que no quiero más que escribirte tal

poema, cuento o son que te socorre.

Porque tu eres mi libro y poesía,

mi cuerpo celulosa y tinta oscura,

mi musa, risa, verso y escritura.

Pues yo antes de saber de ti escribía

tan solo un triste llanto de locura,

y ahora sé escribir literatura.

Iraultza Askerria



martes, 23 de diciembre de 2014

Triste lectura



Ando un poquito triste reyelendo

las penas de antiquísimos poetas,

los que estuvieron antes transcribiendo

los amores que hicieron las maletas.

Y ando también con la lectura viendo

que a lo lejos se van tus silüetas,

olvidando el amor que prometiendo

se llevó mis sonrisas bien sujetas.

Ya no vendrás a verme a los altares,

ya no atravesarás por mí los mares.

Yo iré a buscarte lejos. Te habrás ido.

Porque tu amor fue bala, disparada

allá de la promesa apalabrada,

donde ésta quedará en el triste olvido.

Iraultza Askerria



domingo, 19 de mayo de 2013

Los escritores y sus fuentes de inspiración (I) – Introducción


Writer's Block - Neal Sanche

Relatos, cuentos, novelas, epopeyas y microrrelatos; poemas, sonetos, coplas y liras; tragedias, comedias y guiones; artículos, ensayos y cartas… Mil y una forma de escribir y contar, de relatar y comunicar. El escritor profesional debe controlar este abanico de posibilidades y poder esgrimir cada una de estas alternativas en el momento adecuado.


Ahora bien, ¿cómo se inspira un escritor? ¿De dónde surge esa emoción que le incita a desenfundar la pluma y trazar cientos de palabras sobre el papel? ¿Cuándo le llega la inspiración y dónde se esconde?


Aunque son preguntas muy personales, intentaré plasmar en una serie de artículos las respuestas particulares que puedo dar a las mismas, basándome siempre en experiencias personales y sin desmerecer la opinión de los demás. Porque la escritura es un proceso especialmente íntimo y unipersonal, acorde y enlazado con la personalidad de cada uno y, por lo tanto, una parte inherente a la imaginación de cada cual.



“La inspiración es una predisposición del alma

para la percepción viva de las impresiones y, por

consiguiente, una rápida comprensión de los

conceptos que favorecen su explicación… Los

críticos confunden inspiración y éxtasis”.

Aleksandr Pushkin


En cualquier caso, desde mi punto de vista, se puede dividir la inspiración en tres fuentes esenciales: la lectura de los clásicos — o no tan clásicos— , las imágenes — fotografías, pinturas, retratos, etc.— y la experiencia personal — la más insistente e intensa de las tres—.


Cada una tiene sus pros y sus contras, y por ello, lo más beneficioso es no centrarse en un único núcleo de inspiración y sí en cambio beber de todos los posibles. Porque en la literatura, al igual que en cualquier forma de arte, es transcendental no caer en la monotonía, variando el contenido y la forma, el tema y el objetivo.


Y en tu caso: ¿cuáles son las fuentes de inspiración que te motivan a escribir?


Iraultza Askerria



¡Compárteme si te ha gustado!

• Facebook • Twitter • Delicious • LinkedIn • StumbleUpon • Add to favorites • Email • RSS

jueves, 7 de marzo de 2013

Una mañana de agosto



En aquella bochornosa mañana de agosto, me encontraba en un tren casi vacío. El silencio y el hastío cargaban el ambiente del transporte público, construido para trasladar a los desafortunados obreros hasta su puesto de trabajo, donde venderían su tiempo a cambio de dinero sabiendo que en un futuro cercano comprarían tiempo a cambio de su dinero.


Pero lejos de este síntoma de revolución, me invadía el tedio y el sueño, la apatía y el sinsabor, insufribles sentimientos acrecentados por la perspectiva de aquel largo trayecto. Aquellos repartidores que solían despachar periódicos gratuitos a la entrada de la estación ferroviaria disfrutaban de unas merecidas vacaciones. A mí me privaban de la delicia de leer un diario manipulado, falaz y sensacionalista que pudiese, al menos, entretenerme durante el largo viaje.


El resto de los pasajeros del tren, sin embargo, había optado por diversas formas de solaz para matar el tiempo. Muchos se regodeaban con su móvil de última generación que en pocos días quedaría obsoleto, fuera de la moda preestablecida. Otros disfrutaban atontados con la mirada clavada en la pantalla de su novísimo iPad. Algunos se concentraban en las teclas de su Nintendo 3DS, manejando los movimientos de un diminuto muñeco tan vacío de alma como de corazón. Todos se creían felices, con un cerebro tan moderno como el microprocesador de una computadora; quizá no tan veloz, pero sí tan pequeño.


Mientras tanto, en mi mente se aglutinaban músicas tan dispares como el hip-hop y el heavy metal, acompañadas por las alarmas de los teléfonos celulares. Aquel entorno insufrible de tecnología y vana prepotencia me sobrecogía, como un puño cerrado sobre el cuello de mi memoria, apretando lento y malvado los pensamientos de un inconformismo moribundo.


Pero entonces, me percaté de que sobre tal muchedumbre de robóticos deseos, aún había personas, escasas, pero las había, que se conformaban con la literatura. Una mujer de mediana edad y un joven de aspecto rebelde leían ávidamente una novela, sumidos en el arte, ajenos a la indigestión tecnológica del entorno. A mí me empachaban de esperanza.


El trayecto prosiguió, pero ahora con una atmósfera más amena y delicada, como si los versos de un poeta se respirasen en el aire. Giré la cabeza hacia la derecha y me topé con una compañera de asiento en la que no había reparado antes.


Como siempre, lo más bonito estaba más cerca de lo que había pensado.


Ella tenía un librito entre las manos, acogido como un tesoro. Conseguí deslizar la atención hacia las palabras que en él se imprimían y mi corazón se sobresaltó de emoción. Las rimas del mismísimo Gustavo Adolfo Bécquer estaban siendo leídas por aquella hermosa chica. Su pupila era azul y, al mirarla, recordé el trémulo fulgor de los rayos de la luna.


El tren se detuvo entonces, sobresaltándome. Giré los ojos hacia la ventanilla del vagón. Aquél era mi destino.


La miré otra vez, a ella. Quería decirla que era preciosa, invitarla a salir, a cenar y recogerla después entre mis brazos. Pero el tren iba a reemprender la marcha de un momento a otro. Tenía que elegir entre perder mi empleo o perder el amor de mi vida. Finalmente opté por la más racional y estúpido.


No la he vuelto a ver.


Iraultza Askerria





Archivado en: Relatos, Relatos Cortos Tagged: Agosto, Amor, bécquer, elección, lectura, Literatura, mañana, móvil, Pérdida, tecnología, tedio, trabajo, Tren