bajo rayos dorados.
Viste la flor de trigo mi camino,
puente de faustos hados.
trae cantos de arpados.
Pétalos, néctar, litros de buen vino
cubren labios regados..
de mi ciudad ahogada
me recuerda el final
evolución fatal
que agota mi balada.
Tenías el rostro desdibujado por las lágrimas.
El viento de la costa, tan irascible en los límites del litoral, te azotaba la cara helando el llanto de tus ojos y formando ríos de escarcha alrededor de tus mejillas. Los labios, timoratos, estaban húmedos de salitre y parecían descarnados a causa de los gemidos inconsolables de tu alma. La flor del verano que había sido tu rostro era ahora menos que un tallo de invierno.
Mientras tanto, se extendía ante ti el acantilado de la muerte, y el viento te arrastraba a su seno.
Tenías el rostro desdibujado por las lágrimas. El viento de la costa, tan irascible en los límites del litoral, te azotaba la cara helando el llanto de tus ojos y formando ríos de escarcha alrededor de tus mejillas. Los labios, timoratos, estaban húmedos de salitre y parecían descarnados a causa de los gemidos inconsolables de tu alma. La flor del verano que había sido tu rostro era ahora menos que un tallo de invierno. Mientras tanto, se extendía ante ti el acantilado de la muerte, y el viento te arrastraba a su seno.
Un avión surcando el cielo
es lágrima en tu mirada,
pasa rápido, invisible,
mas dejando triste marca.
Tus rosas se descomponen
como en invernal helada,
y a tus labios marchitados
la sequía los alcanza.
En la puerta de tu ánima,
ya no se oye la balada,
y las húmedas riberas
callan mudas, agotadas.
Los pilares de los cielos
que subían de tu alma
han caído destronados
al infierno de la nada.
Ni con versos, ni con besos.
La tristeza no se marcha.
Vida mía, te lo ruego:
¡abandona ya esas lágrimas!
La flor del verano que había sido tu rostro era ahora menos que un tallo de invierno. Mientras tanto, ante ti se extendía el acantilado de la muerte, y el viento te arrastraba a su seno.
Tierra abierta al estío campesino
bajo rayos dorados.
Viste la flor de trigo el camino,
puente de faustos hados.
Cantan los pajaritos, el molino
trae cánticos de arpados.
Pétalos, néctar, litros de buen vino
cubren labios regados.
El tiempo ora invernal
de mi ciudad ahogada
me recuerda el final
de aquella era pasada;
evolución fatal
que agota mi balada.