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domingo, 4 de mayo de 2014

Breve biografía de Esquilo


esquilo


De los tres poetas trágicos, Esquilo es el más antiguo de ellos. Se sabe que nació en el año 525 a. C. en Eleusis, ciudad situada a apenas 20 kilómetros de Atenas, en el seno de una familia noble de dramaturgos.


A pesar de que se dedicó a la poesía desde muy joven, no obtuvo su primera victoria en composición dramática hasta el año 484 a. C., cuando frisaba los cuarenta años. El número de ocasiones en que Esquilo se hizo con el primer premio es discutido, si bien algunos autores sitúan la cifra en trece, otros la elevan hasta las veintiocho victorias. Lo que es cierto es que de sus siete obras conservadas en la actualidad, seis fueron merecedoras del premio.


La genialidad de Esquilo queda defendida por el hecho de que, ya fallecido, sus obras siguieron presentándose en los certámenes trágicos, de la mano de su hijo Euforión. Su primogénito logró el primer premio en cuatro ocasiones presentando las obras de Esquilo. Aunque los jueces no permitían que las obras de los difuntos se repusieran en el certamen, con Esquilo hicieron una excepción, lo que atestigua la fe que Grecia tenía en él.


El grueso de su composición asciende a unas ochenta obras, si bien el número no ha podido ser corroborado aún y podría ser incluso mayor. Desgraciadamente, tenemos que contentarnos con apenas siete obras completas y otros tantos fragmentos.


Al igual que su legado trágico, la vida de Esquilo está salpicada de anécdotas muy interesantes. No en vano, tuvo la suerte de vivir en uno de los períodos mas trascendentales de Atenas, lo que dejó una importante huella en sus composiciones, tal y como veremos a continuación.


Esquilo sufrió la tiranía de Hipias , quien fue derrocado entorno al año 510 cuando el poeta era un adolescente. Con el ascenso de los partidarios del sistema democrático, se iniciaron movimientos sociales, reformas políticas y la desarticulación de antiguos grupos tribales que abusaban del poder. El objetivo final era promover la participación ciudadana en las instituciones.


Sin duda, Esquilo creía ciegamente en este sistema político, tan ecuánime y justo, lo cual se dejó sentir en la tragedia Las Euménides (458 a. C.), donde el consejo de Atenas simboliza la garantía de la justicia, el orden y el derecho. Si bien Esquilo vivió cuando ya la tiranía dejaba paso a la democracia, las competencias de una y otra siguieron enfrentadas durante varias décadas.


Muy importante es la participación militar de Esquilo, entre la década del 490 a. C. y 480 a. C., que coincidió con las aspiraciones expansionistas de los persas. Se sabe que participó en la popular Batalla de Maratón y en la Batalla de Salamina , que concluyeron en una victoria decisiva para el contingente griego. De las experiencias vividas en estas confrontaciones, Esquilo gestó la tragedia Los persas en el año 472 a. C..


No quedaba mucho, apenas cuatro años, para que Esquilo y Sófocles se enfrentaran en un concurso dramático que aupó al segundo por encima del primero. Posiblemente, esto significó el declive profesional de este enorme artista, que comenzó a frecuentar Siracusa y murió en la ciudad siciliana de Gela en el año 456 a. C..


Esquilo fue un poeta amante de ligar sus obras en trilogías, componiendo así una idea completa que podía independizarse en otros tantos conceptos. También destaca en él la trascendencia del desarrollo de la historia y los escenarios, minimizando la importancia de los personajes. Esto hace comprender la creatividad de Esquilo, experto en aprovechar las filigranas visuales de la escena.


En sus temas se encuentran varios elementos fundamentales, como puede ser la ideología política, ya mencionada anteriormente, o el dolor humano como eje central del guión que conduce al protagonista hacia el conocimiento, protagonista que, en multitud de ocasiones, hereda la culpabilidad de sus ancestros, convirtiéndolo en un personaje inocente que, sin embargo, sufre.


Aquí finalizamos esta breve biografía de Esquilo, habiendo querido introducir a este personaje clásico, tan importante en la literatura, gracias a obras tan descomunales como Agamenón o Los siete contra Tebas.


Iraultza Askerria



domingo, 27 de abril de 2014

Las obras de Esquilo, Sófocles y Eurípides


Parthenon - . SantiMB .


Los nombres de Esquilo, Sófocles y Eurípides, también el de sus obras, se han venido archivando a lo largo de la tradición occidental, desde el siglo V a. C. hasta nuestros días. Por degracia, el grueso de sus composiciones no se conserva y tan sólo han sobrevivido algunos pocos manuscritos medievales donde se incluyen las siete tragedias de Esquilo, las siete tragedias de Sófocles y las diecinueve obras de Eurípides.


Se trata de una recopilación de treinta y tres obras de la Antigua Grecia, germen de lo que fue el teatro antes de nuestra era, cuya cifra, aunque pueda ser considerable, no es más que un vestigio de cuanto escribieron los poetas trágicos. Gracias a las citas de los tragediógrafos contemporáneos de Esquilo, Sófocles y Eurípides, así como a los fragmentos que han sobrevivido de los mismos, podemos hacernos una idea de las muchas composiciones que el tiempo y el olvido le han robado al arte.


Sea como fuera, son muchas las obras irrecuperables de estos tres dramaturgos clásicos, pero por suerte, las que han perdurado permiten comprender, de primera mano, el teatro de la Antigua Grecia y la trascendencia de estos tres personajes.


Resumiendo, el estudio de Esquilo, Sófocles y Eurípides se limita a las treinta y tres obras conservadas por los manuscritos medievales, en ediciones impresas a partir del siglo XV. Las obras pueden enumerarse siguiendo la fecha de composición, que en ocasiones es confusa, aunque todas ellas fueron escritas en el siglo V a. C..



  • Esquilo (472) – Los persas

  • Esquilo (467) – Los siete contra Tebas

  • Esquilo (463) – Las suplicantes

  • Esquilo (458?) – Prometeo encadenado

  • Esquilo (458) – Agamenón

  • Esquilo (458) – Las coéforas

  • Esquilo (458) – Las euménides

  • Sófocles (450?) – Ayax

  • Sófocles (442) – Antígona

  • Sófocles (442?<) – Las traquinias

  • Eurípides (440<?) – Reso

  • Eurípides (438) – Alcestis

  • Eurípides (431) – Medea

  • Eurípides (430-427) – Los Heraclidas

  • Sófocles (430-424) – Edipo Rey

  • Eurípides (428) – Hipólito

  • Eurípides (425) – Andrómaca

  • Eurípides (424) – Hécuba

  • Eurípides (423) – Las suplicantes

  • Eurípides (417-413) – Electra

  • Eurípides (415) – Las troyanas

  • Sófocles (415?) – Electra

  • Eurípides (414) – Heracles

  • Eurípides (414) – Ifigenia entre los tauros

  • Eurípides (413) – El cíclope

  • Eurípides (413-412) – Ion

  • Eurípides (412) – Helena

  • Eurípides (411) – Las fenicias

  • Sófocles (409) – Filoctetes

  • Eurípides (408) – Orestes

  • Eurípides (406>) – Ifigenia en Áulide

  • Eurípides (406) – Las bacantes

  • Sófocles (401) – Edipo en Colono


Del listado anterior se puede extraer que Esquilo era el más veterano de los tres dramaturgos, seguido por Sófocles y por Eurípides. Aunque éste último era el más joven, murió a la vez que Sófocles, en el año 406 a. C..


Sin embargo, dado que estas treinta y tres composiciones responden, en mayor o menor medida, a los mitos clásicos de Grecia, también es posible estructurarlos de acuerdo al suceso cronológico que narran, de tal forma que se simplifica la posibilidad de estudiar estas leyendas. La mayoría de estos temas corresponden a varios ciclos, como el ciclo troyano o el ciclo ático-tebano, o sigue las aventuras y desventuras de determinada estirpe noble, como es el caso de los hijos de Agamenón. No obstante, en caso de querer numerar todas estas obras de teatro siguiendo el orden temporal de los acontecimientos que narran, quedaría así:



  • Esquilo (458?) – Prometeo encadenado

  • Eurípides (413-412) – Ion

  • Esquilo (463) – Las suplicantes

  • Eurípides (406) – Las bacantes

  • Eurípides (431) – Medea

  • Eurípides (428) – Hipólito

  • Sófocles (430-424) – Edipo Rey

  • Sófocles (401) – Edipo en Colono

  • Esquilo (467) – Los siete contra Tebas

  • Eurípides (411) – Las fenicias

  • Sófocles (442) – Antígona

  • Eurípides (423) – Las suplicantes

  • Eurípides (438) – Alcestis

  • Eurípides (414) – Heracles

  • Sófocles (442?<) – Las traquinias

  • Eurípides (430-427) – Los Heraclidas

  • Eurípides (406>) – Ifigenia en Áulide

  • Eurípides (440<?) – Reso

  • Sófocles (450?) – Ayax

  • Sófocles (409) – Filoctetes

  • Eurípides (415) – Las troyanas

  • Eurípides (424) – Hécuba

  • Eurípides (413) – El cíclope

  • Esquilo (458) – Agamenón

  • Esquilo (458) – Las coéforas

  • Sófocles (415?) – Electra

  • Eurípides (417-413) – Electra

  • Eurípides (412) – Helena

  • Eurípides (408) – Orestes

  • Esquilo (458) – Las euménides

  • Eurípides (414) – Ifigenia entre los tauros

  • Eurípides (425) – Andrómaca

  • Esquilo (472) – Los persas


La única obra de teatro con tema histórico que se conserva es esta última: Los persas , de Esquilo. El resto de las tragedias están repletas de personajes míticos, formando un largo repertorio de leyendas, donde ganan por mayoría las dedicadas al ciclo troyano, ocupando la mitad del total. Avanzaremos en estas obras en los próximos capítulos, donde hablaremos también del teatro de la Antigua Grecia y de sus tres máximo exponentes: Esquilo, Sófocles y Eurípides.


Iraultza Askerria



domingo, 16 de febrero de 2014

domingo, 2 de febrero de 2014

domingo, 12 de enero de 2014

domingo, 5 de enero de 2014

domingo, 8 de diciembre de 2013

Rubén Darío: el embajador del modernismo


Antigua Avenida Roosevelt hacia el lago, Managua. - kroons kollektion De Félix Rubén García Sarmiento, más conocido como Rubén Darío, se ha escrito y hablado mucho. Es una de las figuras más destacadas de la poesía moderna; aquel que supo reinventar la literatura en unos años tan convulsos como el final del siglo XIX y el principio del XX, y difundir sus ideas a lo largo del continente americano y europeo, por lo que bien se le puede considerar el embajador del modernismo.


Este poeta nicaragüense nació en un pueblecito de Metapa. Corría el 18 de enero de 1867. Poco después, el neonato fue llevado a la cercana ciudad de León, conocida por ser la sede intelectual de Nicaragua merced a la famosa universidad que alberga. Quizá estos aires de erudición impregnaron la infancia de Rubén Darío, imbuyéndole la sabiduría y la creatividad que más tarde le caracterizaría.


En el año 1882 se embarcó hacia El Salvador, según se cuenta bajo la insistencia de sus amigos que intentaban evitar un matrimonio prematuro con una joven que el poeta había conocida en Managua. Dos años después regresaría a su patria, reanudando los amoríos con la mencionada muchacha. Por aquel entonces, el poeta ya se había iniciado en el verso alejandrino, que tan altas cotas de perfección alcanzaría gracias a él.


No se demoró mucho en su país de origen. En 1886 Rubén Darío se trasladó a Chile, donde se le abrieron las puertas del periodismo. Allí apareció un libro que más tarde se colocaría en los anaqueles de la historia. Se titulaba Azul…


Después de una visita a Nicaragua, Darío viajó nuevamente hacia El Salvador, donde se desposó con una joven de familia hondureña. La luna de miel sucedió simultáneamente a un golpe de estado, lo que incitó que el matrimonio abandonara el país. Se encaminaron hacia Guatemala y poco después a Costa Rica. En este último país nació el primer hijo del poeta.


Con apenas veinte años, Rubén Darío había recorrido ya varios países del continente americano. El momento de visitar Europa le llegó en 1892, cuando se embarcó hacia España coincidiendo con el IV centenario del descubrimiento de América. En el camino, hizo escala en Cuba.


A su vuelta, conoció la prematura muerte de su esposa y decidió casarse con su amor de juventud. Con ella se trasladó a Panamá. Posteriormente, siguió un periplo de viajes que lo condujeron hasta París y Nueva York, para recalar finalmente en Buenas Aires. En Argentina residió unos pocos años, liderando la nueva corriente modernista.


En 1898 viajó a España como corresponsal del diario La Nación de Buenas Aires. En el país europeo conocería a ilustres escritores y filósofos de la época. Incluso halló en Madrid la que sería su último amor.


La estancia en España le abrió las puertas de otros países de Europa Occidental. De esta forma, viajó por Italia, Bélgica, Alemania, Reino Unido y, por supuesto, Francia. Incluso se acercó también al Norte de África en 1903.


En 1906 se hospedó en Río de Janeiro para ir luego a Buenos Aires, donde comenzó a padecer los primeros síntomas de una enfermedad que terminaría siendo letal. Durante los siguientes años, este poeta errante hizo escala en Palma de Mallorca, Madrid o París y también en estados iberoamericanos como Honduras o su tierra natal: Nicaragua.


En 1910 estuvo en México y dos años después participó en una gira publicitaria, recalando en Uruguay y Brasil, entre otros. Con el reciente estallido de la Gran Guerra, Rubén Darío participó en conferencias pacifistas por Estados Unidos.


Rubén Darío falleció unos años después, en 1916 aquejado de un delirium tremens, producto de sus aficiones al alcohol. A pesar de tantos viajes, tanto ir y venir y tantos años en el extranjero, lo cierto es que la muerte se presentó ante Rubén Darío en la mismísima Nicaragua, su tierra natal.


Como último ensalzamiento hacia este genial poeta, hay que revelar que la ciudad que le vio nacer, Metapa, cambió su nombre al de Ciudad Darío. Ocurrió en el año 1920 y fue el mejor galardón para un escritor de su categoría.



Iraultza Askerria


domingo, 3 de noviembre de 2013

viernes, 25 de enero de 2013

La métrica de Venus y Darío


Hay en un libro azul, un soneto de Rubén Darío que uno lee dubitativo y termina devorándolo enamorado. Ese poema es sentimiento, es acción, es recuerdo y pasión. Es un relato en verso y un diálogo con el alma del poeta. Es casi una obra de teatro comprimida en versos heptadecasílabos.


Empieza así:



En la tranquila noche, mis nostalgias amargas sufría.



Este nicaraguense ratificó el verso alejandrino como un emblema del modernismo y se destacó magistralmente en su empleo. Recordemos que el verso alejandrino consta de catorce sílabas, separadas en dos hemistiquios independientes de siete. Si el lector observa la métrica del verso anterior, notará que no se tratá de un endecasílabo, ni tan siquiera de un alejandrino. ¡Se trata de un verso de diecisiete sílabas!


Veamos el segundo verso:



En busca de quietud bajé al fresco y callado jardín.



Si enumeramos las sílabas estrictamente, nos encontramos con un total de dieciséis sílabas, contando la sinalefa incluida entre las palabras “bajé” y “al”. No obstante, el verso es en realidad heptadecasílabo, ya que debemos asimilar y diferenciar dos hemistiquios, existiendo una cesura entre las palabras “quietud” y “bajé”.


Por ello, el verso se divide en dos partes: “en busca de quietud”, siete sílabas puesto que es de terminación aguda, y “bajé al fresco y callado jardín”, de diez sílabas por la misma razón. Ambos hemistiquios repiten la métrica del verso inicial: diecisiete sílabas.


Igualmente, consideremos el último verso del primer cuarteto:



como incrustado en ébano un dorado y divino jazmín.



Ruben Darío


Si contamos las sílabas de este verso respetando una supuesta sinalefa entre las palabras “ébano” y “un”, alcanzamos la cifra de diecisiete sílabas (métrica que se repite durante todo el soneto). A pesar de esta coincidencia, debemos distinguir el verso como dos hemistiquios separados entre la palabra “ébano” y “un”. Por tanto, no existe sinalefa. El primer hemistiquio de ocho sílabas “co-moin-crus-ta-doen-é-ba-no”, se reduce a siete por la postrera palabra esdrújula. El segundo hemistiquio, de diez sílabas gracias al acento agudo final, completa este verso heptadecasílabo.




Podríamos examinar todo el soneto y comprobaríamos que todos los versos respetan la misma métrica. Algunos hemistiquios juegan con palabras esdrújulas, otros son oxítonos. Todos ellos terminan sumando, de una u otra manera, diecisiete sílabas.




Los versos heptadecasílabos que introdujo Rubén no son sólo innovadores, si no una demostración de la capacidad creativa, rítmica y melódica de su autor. En este soneto, los acentos de cada verso galopan al unísono sin dejar atrás al compañero anterior o posterior. Son una caballería bien entrenada bajo los jinetes de las palabras.



Venus es para mí un soneto inolvidable, cálido y hermoso, que recomiendo leer y estudiar hasta empaparse uno de la grandeza de Ruben Darío.


Iraultza Askerria





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