sentimiento tañido en el ocaso,
bajo el tierno letargo
de un amante de paso,
de un susurro prendido al fon de un vaso.
abrazada a un café, cuerpo de fuego.
Una rimas de anhelo,
canto mudo, que luego
suenan días radiantes de apego.
En casa está la niña,
dormida en cama, dulce… ¡dulce hada!
Su boca sabe a piña;
su aliento es la balada
del bardo, del juglar… de mi tonada.
Eterno labio fresa,
eterna la canción, eterna dama.
Y yo… por mi duquesa
velo triste su llama
que no apaguése nunca en esta cama.
Durmiente bella, dime…
¿querrás algún instante despertar?
Mientras mi verso rime,
no deje yo de andar
me sentaré a tu vera… ¡y a esperar!
El manzano naranja de purgada inmundicia
en libertad esclava del corredor parado
entre odiados amores de un joven aviejado
por la eternidad muerta de una falsa noticia.
El soneto que en lira
empezando termina los tercetos.
Rima la serena ira
de sabidos secretos:
que los poetas son analfabetos.
Lira, lira del cielo
abrazada a un café, cuerpo de fuego.
Una rimas de anhelo,
canto mudo, que luego
suenan días radiantes de apego.
Lira, lira del bardo,
sentimiento tañido al ocaso,
bajo el tierno letargo
de un amante de paso,
de un susurro prendido al fon de un vaso.
(ella)
Abrázame otra vez,
abrázame en las playas del Oriente,
cual si en la lobreguez
unimos nuestra mente,
el cuerpo, el alma; haciendo un mismo ente.
(él)
Tomar tu desnudez
tomarte por los bosques de Occidente,
con ansia y avidez,
tal que un lobo impaciente;
un acto de pasión tan recurrente.
(ella)
Protégeme, sé fiel
protégeme en los piélagos sureños.
Mi abeja, yo tu miel.
De mí seremos dueños
viviendo siempre alegres y risueños.
(él)
Tenerte cual clavel,
tener la flor de vértices norteños.
Seré como el broquel
que guarde dulces sueños,
defensa de tus templos marfileños.
En casa está la niña,
desnuda en cama, dulce... ¡dulce hada!
Su boca sabe a piña;
su aliento es la balada
del bardo, del juglar... de mi velada.
Eterno labio fresa,
eterna la canción, eterna dama.
Y yo... por mi duquesa
velo triste su llama
que no apaguése nunca en esta cama.
Durmiente bella, dime...
¿querrás algún instante despertar?
Mientras mi verso rime
no deje yo de andar
me sentaré a tu vera... ¡y a esperar!