Le había sugerido a Judas que almacenase los bidones de carburante en el ático del bar, donde el nauseabundo olor no importunase a nadie; pero éste había hecho caso omiso del consejo, como si sus palabras le entrasen por un oído y le saliesen por otro. Quizá, para que le quedasen las cosas claras, debía coger un cuchillo y extirparle una oreja.
Ya lo pensaría más tarde.
Extracto de Sexo, drogas y violencia , de Iraultza Askerria
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