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jueves, 4 de agosto de 2016

Yo te he buscado

THE PATH _ there's something on my mind - {author}
Yo te he buscado
entre las rocas de un imposible,
ante los muros de un monte enhiesto
que se acrecienta con cada paso.
Yo te he buscado
entre los humos de un rato libre,
ante las pocas gracias del lento
adiós del ágil labio encarnado.
Yo te he buscado
entre el rechazo y la agonía,
ante la espalda que aquel instante
volviste a un rostro enamorado.
Yo te he buscado
entre las noches y entre los días,
ante el deseo que se equivale
con el amor más fiel y franco.
Yo te he buscado
Yo te he anhelado
Yo te he sentido ante mis labios.
Yo te he querido,
yo te he vestido,
yo te he cubierto de regalos.
Tú te has marchado,
tú te has cansado
de un loco atento enamorado.
Tú te has rehecho,
tú te has deshecho
de una memoria que nada importa.

Iraultza Askerria

jueves, 11 de septiembre de 2014

Una tarde corriendo


Photo - {author} Aquella tarde salimos a correr. ¿Lo recuerdas? No hacía mucho calor, pero se estaba bien a tu lado. Incluso, me atrevería a decir, que salvo nosotros, el resto del mundo se estaba congelando en su frialdad. Así son los sentimientos, un verdadero amparo contra la temperatura.


Después de la tercera vuelta, te quitaste la sudadera y la ataste a tu cintura… ¡Cuánto deseaba yo atarme a ella! Emprendimos la marcha y después de la primera zancada no pude evitar mirar tus pechos contonearse bajo la camiseta de color crema. Parecían las manzanas del Árbol del Conocimiento. Lujurioso pecado, tomar tus frutos y probarlos… ¡Qué apetitoso! ¡Cuánta lascivia recorría mis venas!


Al respecto, hice algún chiste jocoso y tú me atravesaste con la mirada. No era la primera vez ni sería la última. Cariño, tengo el defecto de decir siempre lo que pienso. Soy así… Hombres.


Sin mayor reparo, seguimos nuestra carrera alrededor del polideportivo. La pista estaba vacía. Nos acercábamos irremediablemente a las diez de la noche, hora en la que la gente normal se recogía en sus casas. Pero ni tú ni yo éramos prototipos corrientes. Seguimos al trote un buen rato, hasta que nos cansamos.


No sé cómo, pero me convenciste para que te acompañara a casa de tus abuelos. Extraño que dijera que sí. Aunque no puedo arrepentirme de la elección, porque fue un paseo dulce, ameno y agradable. Nos cruzamos con personajes embozados en chalecos negros, mujeres más llenas de arrugas que de piel, adolescentes acosados por cenicientas nubes de tabaco y atronadores coches que parecían haber brotado de la jungla. Pero ante tanta imperfección, tu belleza lo deslumbraba todo. Todo.


Al llegar al porche de la casa de tus abuelos, te detuviste frente al portal. Bajo la luz de las estrellas -llamemos estrellas a tus ojos, porque la contaminación lumínica nos impedía disfrutar de los astros celestes-, me miraste con una mezcla de sobresalto y necesidad. Te despediste con tu innata suavidad, deseosa de desaparecer.


Pero yo no lo hice. No pensaba hacerlo. No pensaba perder una oportunidad tan buena.


Te besé, furtivo. Como un ladrón que acomete a su tesoro. Rocé tus labios apenas un segundo y me supieron a polvo de estrellas. Ricos como un sueño de algodón. Tú temblaste, y no dijiste nada. Así que te volví a besar. Esta vez, te apartaste de mí, sobresaltada, y me dijiste:


—No ha sido buena idea.


Posteriormente, te escabulliste hacia la casa.


Yo sonreí, inmune al dolor. ¡Claro que había sido buena idea! Si no estuviera completamente seguro de que tarde o temprano te enamorarías de mí, no te habría besado. Es así de sencillo.


Y ahora que estás durmiendo entre mis brazos, comprendes que tenía razón.


¿Verdad?


Iraultza Askerria



martes, 5 de marzo de 2013

Yo te he buscado


Yo te he buscado

entre las rocas de un imposible,

ante los muros de un monte enhiesto

que se acrecienta con cada paso.


Yo te he buscado

entre los humos de un rato libre,

ante las pocas gracias del lento

adiós del ágil labio encarnado.


Yo te he buscado

entre el rechazo y la agonía,

ante la espalda que aquel instante

volviste a un rostro enamorado.


Yo te he buscado

entre las noches y entre los días,

ante el deseo que se equivale

con el amor más fiel y franco.


Yo te he buscado

Yo te he anhelado

Yo te he sentido ante mis labios.


Yo te he querido

Yo te he vestido

Yo te he cubierto de regalos.


Tú te has marchado,

tú te has cansado

de un loco atento enamorado.


Tú te has rehecho

Tú te has deshecho

de una memoria que nada importa.


Iraultza Askerria





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