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Mostrando entradas con la etiqueta Ojos. Mostrar todas las entradas
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jueves, 10 de octubre de 2019

Tus ojitos

.lágrimas - {author}¿Cómo van a llorar tus ojitos de fuego? De su dicha pende el destino de la humanidad, los secretos mejor guardados del universo, la inspiración que carcome el espíritu de los poetas y el equilibrio entre el cosmos y el caos.

Que no lloren tus ojitos de luna llena porque han de mantener viva la esperanza y la ilusión, y por supuesto, el amor. Ese amor que una mirada tuya propaga por el mundo entero, llenándolo con su tierno aroma a barniz, casi narcótico y embriagador. Amor en tus pupilas de oro cegador, lustrosa compasión del más allá y curioso intelecto del inframundo. Cielo y tierra, paraíso e infierno en tus ojitos bíblicos.

Han de lucir abiertos y felices, tus ojitos, sí, tus ojitos. Son soles y astros y órbitas celestes alrededor de la vida. Son la purga de la maldad y el flujo del aire oxigenado. Son mucho más de lo que tú puedes ver, porque no puedes mirarte. Yo, que te miro como un loco, sé que tus ojitos no deben sufrir una gota de nostalgia.

¡Qué las lágrimas marchen a incordiar a otras mujeres y no osen a cubrir tus ojitos de té! Ya que sólo tu iris puede apagar la sed del espíritu humano, tan enzarzado en guerras y otros dolores. Tus ojitos sonrientes son el amanecer de La Tierra.

Por todo ello, te ruego que no llores. No marchites tu belleza con el insano plañir de la distancia y mantén vivos los recuerdos que me unen a ti. En tus ojitos dichosos duermen mis sueños y trasnocha mi literatura. Los quiero contemplar siempre abiertos y contentos, eternamente.

Iraultza Askerria

martes, 10 de septiembre de 2019

Abre niña los ojos

Pink As You See - Elena Pérez Melgarejo
Abre niña los ojos
por mirar al poeta
que está ciego de amor
con los versos a cuestas.
Mira niña su espalda
que parece una cresta,
sin soberbia de gallo,
con recuerdos que pesan.
Mira niña su frente
de arrugones cubierta
y manchones oscuros
de hojarasca reseca.
Mira niña sus labios
desgajados por pena,
pálidos como el hielo
que ni los mares besa.
Mira niña sus manos
que parecen de cera,
débiles y cansadas,
sin apenas ya fuerza.
Mira niña sus ojos
que cenizas revelan,
cueva negra y perdida
en su loca cabeza.
Abre niña los ojos
a quien por ti lamenta
y llora un poco, ¡un poco!,
por su eterna condena.

Iraultza Askerria

¡Contenido extra!

Siempre he tenido la duda de escribir poesía asonante o consonante, rima popular o más culta. De los sonetos de Quevedo a los versos de Bécquer. Nunca he despreciado ninguno de estos géneros, sin recapacitar mucho en las exigencias del lector. Por eso, me gustaría preguntarte que poesía te gusta más: ¿la asonante o la consonante? ¿Y por qué?
Si algún lector quiere responder a esta cuestión, estaré encantado de recibirle en mi dirección de correo. Como siempre, ¡gracias!

Gracias por suscribirte al blog. Sólo por ser seguidor de esta bitácora, podrás leer este contenido extra.

jueves, 22 de noviembre de 2018

Tus ojos

alina's eye - ^@^ina (Irina Patrascu)
Frente, sudario de perlas
sobre cristal oceánico.
Niña tus ojos son llave
de los candiles volcánicos.
Boca que sabe agua dulce
bajo un acuoso remanso.
Niña tus ojos son oda
de los torrentes más cálidos.
Pechos, soporte de estrellas
del cielo azul el ornato.
Niña tus ojos de mi alma
son el enérgico ánimo.
Vientre varado a la orilla
de los manjares más caros.
Niña tus ojos del mundo
son el edénico hálito.
¡Ay, mi niña! De tu cuerpo
con versos pinto su trazo.
Pero por mucho que afane
no sé pintar tus ojazos.

Iraultza Askerria

martes, 24 de abril de 2018

Entre el Sáhara y el Everest

Everest - {author}Viajé por el cereal de tus ojos, hundiéndome en una perla alfombrada de noche. Me interné en las estrellas de tu mirada, como un yeti vagabundo en las faldas del Everest. Sediento, me ahogué en el Sáhara de tus labios secretos y quedé empapado por tu rechazo. Firmé un beso a la puerta de tu boca que quedó sin identidad.

Fuiste un desierto inabarcable, que no pude regar con mi amor. Fuiste una enorme montaña cuya cima no fui capaz de coronar. Fuiste la amplitud agónica de la nada y la impenetrable fortaleza de la inmortalidad.

Siempre fuiste más que yo y nunca pude alcanzarte.

Iraultza Askerria

martes, 23 de enero de 2018

La botella de zafiros

Image from page 74 of No, no era un mensaje enrollado cual pergamino, ni un licor añejo de inconfundible aroma, ni siquiera un lagarto enjaulado en una cárcel vidriosa. Se trataba de una botella repleta de zafiros.Ignoro cómo llegó hasta allí. Enterrada en el polvoriento solar de un edificio a medio construir, la botella había brillado con agónica constancia, al aguardo de que algún transeúnte pudiera rescatarla.

Y resultó que el destino me había colocado a mí frente a aquel recipiente de zafiros.

En un primer momento, ignoré de qué se trataba. Luego, al advertir su boca encorchada y su busto acristalado, lo identifiqué sin problemas. Ahora bien, no supe hasta varios minutos después, cuando logré limpiar su cuerpo ceniciento, cuál era su contenido.

Zafiros, hermosos y resplandecientes zafiros.

Yo no era ningún experto en orfebrería ni tan siquiera en la tasación de piedras preciosas, pero por un momento, imaginé que podría hacerme rico. Era por todos sabido el valor incalculable de este tipo de objetos.

Por tanto, con esta ilusión, me encaminé presto a una joyería para informarme del valor de la joya. Cuando salí del establecimiento, mi corazón palpitaba aceleradísimo. ¡Era rico! Había tal vez un millar de zafiros, y el precio de cada pieza oscilaba por encima de los tres mil. El importe total no era nada despreciable.

Tomé dirección hacia mi casa con intención de reorganizar la que sería mi nueva vida. Pero en el camino, me encontré -no sé muy bien si para mi gracia o desgracia- contigo, contigo: bella princesa. Hacía al menos un año que no nos veíamos y, todavía, no había podido olvidarte. Desde que me dejaste, amor mío, había sido incapaz de no pensar en ti.

Y entonces los vi, tus ojos. Tus lindos, fulgentes e inmensos ojos azules, que parecían dos joyas preciosas en su más esbelta superficie.

Tus ojos eran zafiros. Igual de brillantes, pero mucho más valiosos.

Pero te fuiste, despidiéndote rápidamente de mí, sin más conversación que un cínico y educado “¿Qué tal estás?”. Después pensé que nunca más volvería a verte; ni a ti, ni a tus espectaculares ojos.

Así que aterrorizado por ello, volví al solar donde había encontrado la botella, la enterré de igual modo que la había hallado y me guardé para mí dos de aquellos zafiros. Eran tan idénticos a tus ojos que atesorar la joya me aseguraba no olvidarte jamás.

El resto de los zafiros quedaron enterrados en la botella, al aguardo de todos aquellos hombres que necesitasen a su vez de una imitación prodigiosa de los ojos de su amada.

Iraultza Askerria

martes, 19 de julio de 2016

Abre niña los ojos

Pink As You See - Elena Pérez Melgarejo
Abre niña los ojos
y mira este poeta
que está ciego de amor
con los versos a cuestas.
Mira niña su espalda
que parece una cresta,
sin soberbia de gallo,
con recuerdos que pesan.
Mira niña su frente
de arrugones cubierta
y manchones oscuros
como hojarasca seca.
Mira niña sus labios
ajados por la pena,
pálidos como el hielo
que ni los mares besa.
Mira niña sus manos
que parecen de cera,
débiles y cansadas,
sin apenas ya fuerza.
Mira niña sus ojos
que cenizas revelan,
cueva negra y perdida
en su loca cabeza.
Abre niña los ojos
a quien por ti lamenta
y llora un poco, ¡un poco!,
por su eterna condena.

Iraultza Askerria

¡Contenido extra!

Siempre he tenido la duda de escribir poesía asonante o consonante, rima popular o más culta. De los sonetos de Quevedo a los versos de Bécquer. Nunca he despreciado ninguno de estos géneros, sin recapacitar mucho en las exigencias del lector. Por eso, me gustaría preguntarte que poesía te gusta más: ¿la asonante o la consonante? ¿Y por qué?
Si algún lector quiere responder a esta cuestión, estaré encantado de recibirle en mi dirección de correo. Como siempre, ¡gracias!

Gracias por suscribirte al blog. Sólo por ser seguidor de esta bitácora, podrás leer este contenido extra.

martes, 19 de enero de 2016

Tus ojos

alina's eye - ^@^ina (Irina Patrascu)
Frente, sudario de perlas
sobre cristal oceánico.
Niña tus ojos son llave
de los candiles volcánicos.
Boca que sabe agua dulce
bajo un acuoso remanso.
Niña tus ojos son oda
de los torrentes más cálidos.
Pechos, soporte de estrellas
del azul cielo el ornato.
Niña tus ojos de mi alma
son el enérgico ánimo.
Vientre varado a la orilla
de los manjares más caros.
Niña tus ojos del mundo
son el edénico hálito.
¡Ay, mi niña! De tu cuerpo
con versos pinto su trazo.
Pero por mucho que afane
no sé pintar tus ojazos.

Iraultza Askerria

jueves, 22 de octubre de 2015

Tus ojitos

.lágrimas - {author}¿Cómo van a llorar tus ojitos de fuego? De su dicha pende el destino de la humanidad, los secretos mejor guardados del universo, la inspiración que carcome el espíritu de los poetas y el equilibrio entre el cosmos y el caos.

Que no lloren tus ojitos de luna llena porque han de mantener viva la esperanza y la ilusión, y por supuesto, el amor. Ese amor que una mirada tuya propaga por el mundo entero, llenándolo con su tierno aroma a barniz, casi narcótico y embriagador. Amor en tus pupilas de oro cegador, lustrosa compasión del más allá y curioso intelecto del inframundo. Cielo y tierra, paraíso e infierno en tus ojitos bíblicos.

Han de lucir abiertos y felices, tus ojitos, sí, tus ojitos. Son soles y astros y órbitas celestes alrededor de la vida. Son la purga de la maldad y el flujo del aire oxigenado. Son mucho más de lo que tú puedes ver, porque no puedes mirarte. Yo, que te miro como un loco, sé que tus ojitos no deben sufrir una gota de nostalgia.

¡Qué las lágrimas marchen a incordiar a otras mujeres y no osen a cubrir tus ojitos de té! Ya que sólo tu iris puede apagar la sed del espíritu humano, tan enzarzado en guerras y otros dolores. Tus ojitos sonrientes son el amanecer de La Tierra.

Por todo ello, te ruego que no llores. No marchites tu belleza con el insano plañir de la distancia y mantén vivos los recuerdos que me unen a ti. En tus ojitos dichosos duermen mis sueños y trasnocha mi literatura. Los quiero contemplar siempre abiertos y contentos, eternamente.

Iraultza Askerria

jueves, 7 de mayo de 2015

La botella de zafiros

Image from page 74 of No, no era un mensaje enrollado cual pergamino, ni un licor añejo de inconfundible aroma, ni siquiera un lagarto enjaulado en una cárcel vidriosa. Se trataba de una botella repleta de zafiros.

Ignoro cómo llegó hasta allí. Enterrada en el polvoriento solar de un edificio a medio construir, la botella había brillado con agónica constancia, al aguardo de que algún transeúnte pudiera rescatarla.

Y resultó que el destino me había colocado a mí frente a aquel recipiente de zafiros.

En un primer momento, ignoré de qué se trataba. Luego, al advertir su boca encorchada y su busto acristalado, lo identifiqué sin problemas. Ahora bien, no supe hasta varios minutos después, cuando logré limpiar su cuerpo ceniciento, cuál era su contenido.

Zafiros, hermosos y resplandecientes zafiros.

Yo no era ningún experto en orfebrería ni tan siquiera en la tasación de piedras preciosas, pero por un momento, imaginé que podría hacerme rico. Era por todos sabido el valor incalculable de este tipo de objetos.

Por tanto, con esta ilusión, me encaminé presto a una joyería para informarme del valor de la joya. Cuando salí del establecimiento, mi corazón palpitaba aceleradísimo. ¡Era rico! Había casi una centena de zafiros, y el precio de cada pieza oscilaba por encima de los tres mil. El importe total no era nada despreciable.

Tomé dirección hacia mi casa con intención de reorganizar la que sería mi nueva vida. Pero en el camino, me encontré -no sé muy bien si para mi gracia o desgracia- contigo, contigo: bella princesa. Hacía al menos un año que no nos veíamos y, todavía, no había podido olvidarte. Desde que me dejaste, amor mío, había sido incapaz de no pensar en ti.

Y entonces los vi, tus ojos. Tus lindos, fulgentes e inmensos ojos azules, que parecían dos joyas preciosas en su más esbelta superficie.

Tus ojos eran zafiros. Igual de brillantes, pero mucho más valiosos.

Pero te fuiste, despidiéndote rápidamente de mí, sin más conversación que un cínico y educado “¿Qué tal estás?”. Después, pensé que nunca más volvería a verte; ni a ti, ni a tus espectaculares ojos.

Así que aterrorizado por ello, volví al solar donde había encontrado la botella, la enterré de igual modo que la había hallado y me guardé para mí dos de aquellos zafiros. Eran tan idénticos a tus ojos, que atesorar la joya me aseguraba no olvidarte jamás.

El resto de los zafiros quedaron enterrados en la botella, al aguardo de todos aquellos hombres que necesitasen a su vez de una imitación prodigiosa de los ojos de su amada.

Iraultza Askerria

jueves, 30 de abril de 2015

Entre el Sáhara y el Everest

Everest - {author}Viajé por el cereal de tus ojos, hundiéndome en una perla alfombrada de noche. Me interné en las estrellas de tu mirada, como un yeti vagabundo en las faldas del Everest. Sediento, me ahogué en el Sáhara de tus labios secretos y quedé empapado por tu rechazo. Firmé un beso a la puerta de tu boca que quedó sin identidad.

Fuiste un desierto inabarcable, que no pude regar con mi amor. Fuiste una enorme montaña cuya cima no fui capaz de coronar. Fuiste la amplitud agónica de la nada y la impenetrable fortaleza de la inmortalidad.

Siempre fuiste más que yo y nunca pude alcanzarte.

Iraultza Askerria

jueves, 21 de agosto de 2014

Ojos teñidos de lágrimas

Photo - {author}

Ojos teñidos de lágrimas me observaron durante aquella noche helada.

Tú estabas acurrucada bajo un soportal, con las manos vistiendo tu rostro y los gemidos de tu voz envolviendo acompasadamente el perfil de tu figura. Menudo, como un arbolillo silvestre, se me aparecía tu cuerpo; frágil como un deseo de porcelana que se rompe cuando llega a cumplirse.


Así de inestable, insegura e inconsolable surgiste en mi vida. Me acerqué a tu público escondite, me arrodillé ante ti como un vasallo, y te pregunté si te podía ayudar. Naturalmente, entre argumentos generosos y explicaciones inciertas, declinaste mi ofrecimiento. Querías estar sola con tu soledad; alguien te había hecho daño y nadie podía apaciguar tu dolor.


En esta circunstancia, me acomodé a tu lado, en silencio, y me convertí en una sombra invisible, en una invisible fortaleza, en una fortaleza impenetrable y en una impenetrable alegoría del príncipe azul.


No tenía intención de abandonarte en tu dolor. Aquellos ojos teñidos de lágrimas eran demasiado bonitos como para olvidarlos. Quería verlos felices antes de morirme.


De esta guisa, transcurrí horas a tu lado: en silencio, como otra sombra de la noche. En ningún momento me miraste. Pensé que te habías olvidado de mi presencia, pero mucho tiempo después, me preguntaste cómo me llamaba.


Habías dejado de llorar. Y sonreías.


Han pasado muchos años, princesa, y ahora nos reímos de aquella noche.


Ya es hora de que el mundo conozca cómo nos conocimos.


Iraultza Askerria



martes, 5 de noviembre de 2013

Abre niña los ojos


Pink As You See - Elena Pérez Melgarejo

Abre niña los ojos

y mira este poeta

que está ciego de amor

con los versos a cuestas.

Mira niña su espalda

que parece una cresta,

sin soberbia de gallo,

con recuerdos que pesan.

Mira niña su frente

de arrugones cubierta

y manchones oscuros

como hojarasca seca.

Mira niña sus labios

ajados por la pena,

pálidos como el hielo

que ni los mares besa.

Mira niña sus manos

que parecen de cera,

débiles y cansadas,

sin apenas ya fuerza.

Mira niña sus ojos

que cenizas revelan,

cueva negra y perdida

en su loca cabeza.

Abre niña los ojos

a quien por ti lamenta

y llora un poco, ¡un poco!,

por su eterna condena.

Iraultza Askerria




¡Contenido extra!


Siempre he tenido la duda de escribir poesía asonante o consonante, rima popular o más culta. De los sonetos de Quevedo a los versos de Bécquer. Nunca he despreciado ninguno de estos géneros, sin recapacitar mucho en las exigencias del lector. Por eso, me gustaría preguntarte que poesía te gusta más: ¿la asonante o la consonante? ¿Y por qué?


Si algún lector quiere responder a esta cuestión, estaré encantado de recibirle en mi dirección de correo. Como siempre, ¡gracias!

Gracias por suscribirte al blog. Sólo por ser seguidor de esta bitácora, podrás leer este contenido extra.



martes, 4 de junio de 2013

Tus ojos


alina's eye - ^@^ina (Irina Patrascu)

Frente, sudario de perlas

sobre cristal oceánico.

Niña tus ojos son llave

de los candiles volcánicos.


Boca que sabe agua dulce

bajo un acuoso remanso.

Niña tus ojos son oda

de los torrentes más cálidos.


Pechos, soporte de estrellas

del azul cielo el ornato.

Niña tus ojos de mi alma

son el enérgico ánimo.


Vientre varado a la orilla

de los manjares más caros.

Niña tus ojos del mundo

son el edénico hálito.


¡Ay, mi niña! De tu cuerpo

con versos pinto su trazo.

Pero por mucho que afane

no sé pintar tus ojazos.


Iraultza Askerria



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sábado, 8 de diciembre de 2012

Entre el Sáhara y el Everest

Viajé por el cereal de tus ojos, hundiéndome en una perla alfombrada de noche. Me interné en las estrellas de tu mirada, como un yeti vagabundo en las faldas del Everest. Sediento, me ahogué en el Sáhara de tus labios secretos y quedé empapado por tu rechazo. Firmé un beso a la puerta de tu boca que quedó sin identidad.

Fuiste un desierto inabarcable, que no pude regar con mi amor. Fuiste una enorme montaña cuya cima no fui capaz de coronar. Fuiste la amplitud agónica de la nada y la impenetrable fortaleza de la inmortalidad.


Siempre fuiste más que yo y nunca pude alcanzarte.


Iraultza Askerria





Archivado en: Microrrelatos Tagged: boca, cima, desierto, everest, labios, Mirada, montaña, Ojos, sáhara

martes, 2 de octubre de 2012

Ojos teñidos de lágrimas


Ojos teñidos de lágrimas me observaron durante aquella noche helada.Tú estabas acurrucada bajo un soportal, con las manos vistiendo tu rostro y los gemidos de tu voz envolviendo acompasadamente el perfil de tu figura. Menudo, como un arbolillo silvestre, se me aparecía tu cuerpo; frágil como un deseo de porcelana que se rompe cuando llega a cumplirse.

Así de inestable, insegura e inconsolable surgiste en mi vida. Me acerqué a tu público escondite, me arrodillé ante ti como un vasallo, y te pregunté si te podía ayudar. Naturalmente, entre argumentos generosos y explicaciones inciertas, declinaste mi ofrecimiento. Querías estar sola con tu soledad y con tu tristeza; alguien te había hecho daño y nadie podía apaciguar tu dolor.

En esta circunstancia, me acomodé a tu lado, en silencio, y me convertí en una sombra invisible, en una invisible fortaleza, en una fortaleza impenetrable y en una impenetrable alegoría del príncipe azul.

No tenía intención de abandonarte en tu dolor. Aquellos ojos teñidos de lágrimas eran demasiado bonitos como para olvidarlos. Quería verlos felices antes de morirme.

De esta guisa, transcurrí horas a tu lado: en silencio, como otra sombra de la noche. En ningún momento me miraste. Pensé que te habías olvidado de mi presencia, pero mucho tiempo después, me preguntaste cómo me llamaba.

Habías dejado de llorar. Y sonreías.

Han pasado muchos años, princesa, y ahora nos reíamos de aquella noche.

Ya es hora de que el mundo conozca cómo nos conocimos.

domingo, 17 de junio de 2012

La botella de zafiros


No, no era un mensaje en forma de rollo, ni un licor añejo de inconfundible aroma, ni siquiera un lagarto enjaulado en una cárcel vidriosa. Se trataba de una botella repleta de zafiros.


Ignoro cómo pudo a ver llegado hasta allí. Enterrada en el polvoriento solar de un edificio a medio construir, la botella había brillado con agónica constancia, al aguardo de que algún transeúnte pudiera rescatarla.


Y resultó que el destino me había colocado a mí en el camino de aquel recipiente de zafiros.


En un primer momento, ignoré de qué se trataba. Luego, al advertir su boca encorchada y su busto acristalado, lo identifiqué sin problemas. Ahora bien, no supe hasta varios minutos después, cuando logré limpiar su ceniciento cuerpo, cuál era su contenido.


Zafiros, hermosos y resplandecientes zafiros.


Yo no era ningún experto en orfebrería ni tan siquiera en la tasación de piedras preciosas, pero por un momento, imaginé que podría hacerme rico. Era por todos sabido el valor incalculable de este tipo de objetos.


Por tanto, con esta ilusión, me encaminé presto a una joyería para informarme del valor de la joya. Cuando salí del establecimiento, mi corazón palpitaba aceleradísimo. ¡Sí, era rico! Había casi una centena de zafiros, y el precio de cada pieza oscilaba por encima de los tres mil. El importe total no era nada despreciable.


Tomé dirección hacia mi casa con intención de reorganizar la que sería mi nueva vida. Pero en el camino, me encontré -no sé muy bien si para mi gracia o desgracia- contigo, contigo: bella princesa. Hacía al menos un año que no nos veíamos y, todavía, no había podido olvidarte. Desde que me dejaste, amor mío, había sido incapaz de no pensar en ti.


Y entonces los vi, tus ojos. Tus lindos, fulgentes e inmensos ojos azules, que parecían dos joyas preciosas en su más esbelta superficie.


Tus ojos eran zafiros. Igual de brillantes, pero mucho más valiosos.


Pero te fuiste, despidiéndote rápidamente de mí, sin más conversación que un cínico y educado “¿Qué tal estás?”. Después de ese instante, pensé que nunca más volvería a verte; ni a ti, ni a tus espectaculares ojos.
Así que, aterrorizado por ello, volví al solar donde había encontrado la botella, la enterré de igual modo que la había hallado y me guardé para mí dos de aquellos zafiros. Eran tan idénticos a tus ojos, que atesorar la joya me aseguraba no olvidarte jamás.


El resto de los zafiros quedaron enterrados en la botella, al aguardo de todos aquellos hombres que necesitasen a su vez de una imitación prodigiosa de los ojos de su amada.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Rima VI

Frente sudario de perlas
sobre cristal oceánico.
Niñas tus ojos son llave
de los candiles volcánicos.


Boca que sabe agua dulce
bajo un acuoso remanso.
Niña tus ojos son oda
de los céfiros más cálidos.


Pechos, soporte de estrellas
del azul cielo el ornato.
Niña tus ojos de mi alma
son el fervoroso ánimo.


Vientre varado a la orilla
de los manjares más caros.
Niña tus ojos del mundo
son el floreciente hálito.


¡Ay mi niña! De tu cuerpo
con versos pinto su trazo.
Pero por mucho que afane
no sé pintar tus ojazos.


Iraultza Askerria