Pintó el Tigris un cauce
fértil en el tiempo,
guardando un ombligo en el seno
de un destino bautizado
con tu nombre de princesa.
fértil en el tiempo,
guardando un ombligo en el seno
de un destino bautizado
con tu nombre de princesa.
Y en las altas pirámides
de las costas del Nilo,
ondas de cabellos negros
dorados por el sol
esculpían en la arena
el rastro de tus pies.
de las costas del Nilo,
ondas de cabellos negros
dorados por el sol
esculpían en la arena
el rastro de tus pies.
De los belicosos pero pensativos
aqueos, quedaron códices y epopeyas
que al juntar sus sílabas tónicas
describieron el primor de tu figura
a imagen de las musas.
aqueos, quedaron códices y epopeyas
que al juntar sus sílabas tónicas
describieron el primor de tu figura
a imagen de las musas.
Y en la imperialista y casi eterna
Roma
hubo un amante secreto, un caudillo rencoroso,
un loco agrio y un viejo poco magnificado
que convirtieron el latín
en el acento de tu labio.
Roma
hubo un amante secreto, un caudillo rencoroso,
un loco agrio y un viejo poco magnificado
que convirtieron el latín
en el acento de tu labio.
Después llegaron los visigodos convertidos,
los árabes que convertían
y los castellanos convencidos
de que el mundo era suyo.
los árabes que convertían
y los castellanos convencidos
de que el mundo era suyo.
Llegaron los franceses para revolucionar
y los anglosajones para evolucionar,
mientras rusos y alemanes miraban a lo lejos
cómo repartirse la tierra, el cielo y el mar.
y los anglosajones para evolucionar,
mientras rusos y alemanes miraban a lo lejos
cómo repartirse la tierra, el cielo y el mar.
Y al final tú naciste,
hembra rosa vestida de blanco
a quien la historia toma en su regazo
para rendirte pleitesía.
hembra rosa vestida de blanco
a quien la historia toma en su regazo
para rendirte pleitesía.
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