Se retuercen tus senos por la presión de mis manos, y hacen tus ingles lo propio por la embestida de mi mandíbula. Abro mi boca entera y la cierro bajo tu pubis, tan reluciente como hermoso, tan libertario como una estrella.
Me divierto en tu congoja. Filete mío de carne rosa, arrugada, flexible y húmeda de sal, tan propiamente vinculada al mar como a la naturaleza florida. Tulipán de cuatro pétalos cuyo polen devora mi lengua, arrastrando el jugo por tus piernas dobladas y por mi barbilla hundida en ti.
Y en los espasmos que te socorren, escucho como gritas mi nombre, mientras me decapitas con los muslos y luego aflojas, inocentemente.
Un último beso en tu sexo te cierra los labios para dormir.
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