Y entonces surgen las llamas, el crepitar de las caricias, las explosiones cosmológicas que llenan el vacío con átomos de hidrógeno. Áureos resplandores coloreando el firmamento. Lunas brillando más que las estrellas. Los gemidos y las confesiones de ternura como diálogos shakespearianos. Susurran el niño y la niña cuando se hacen pasar por adultos.
Joven amor que nunca muere. La vejez nos está vedada.
Es la eternidad el legado que hemos labrado para nuestros dos corazones.
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