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martes, 13 de agosto de 2019
jueves, 4 de octubre de 2018
La espesura del amor
Esfera de cristal al unísono. Tus poros repletados de mis efluvios, pálida carne sumergida en la espuma del mar. Se abre la cueva de las galaxias y las estrellas muerden incansables. Ataque fortuito, devolución vengativa. Una supernova que corta nuestras miradas. Es la espesura del amor.
Los cabellos se funden y se desgarran, cayendo por la límpida tierra como cae el rocío de un cometa. En el contacto, el tacto se aparta, quemado, y vuelve a la hoguera donde se canaliza; nada puede escapar del círculo vicioso de la espesura del amor.
Fluyen las lágrimas y el sudor de los agujeros negros, pupilas centelleantes. Las pestañas cortadas por el viento huracanado de los gemidos. El aire es pesado, agónico, ardiente, cargado de sensualidad. Persiste un perfume de dominación absoluta, propio de la espesura del amor.
Vagan los besos de un lado a otro, cuerdas que descienden del cielo y se enredan en el vello púbico. Se calientan los genitales como cerillas; el fósforo de tu boca; el fósforo de mis labios. Duele y se carboniza; mártires de nuestro sufrimiento compartido, el mismo que se hincha en el interior de nuestras carnes hacia arriba, hacia arriba, siempre hacia arriba. La bomba de relojería acabará, tarde o temprano, con la espesura del amor.
Se abrazan los universos en un único cosmos; condensación de células, fusión nuclear, química de los sentidos absortos y absorbidos por el estallido de la fuerza y la bestialidad. Rotas las barreras del género; aunados los entes sexuales; la antigua fisión deja paso a un trastornado Big Bang, donde la absoluta presencia de las cosas y pensamientos se ha concentrado para explotar.
Y, al fin, la espesura del amor lo tiñe todo de su simbólico color albino, y nuestros ojos se cierran, cayendo una mirada sobre la otra mirada, y toman consciencia de un sueño del que ya no despertaremos.
jueves, 5 de abril de 2018
Solos tú y yo
En aquel momento, solo existíamos tú y yo.
jueves, 22 de marzo de 2018
En busca de una estrella
Cuando naciste, una estrella se prendió en el firmamento. Aún no había sido descubierta por el ser humano, pero cuando sus telescopios la vislumbraran, la bautizarían con tu nombre. Hasta ese momento tu existencia quedaría únicamente ligada a La Tierra.
Desde tu nacimiento, fuiste algo más que una persona, algo más que una mujer. El cosmos te guardaba un sitio junto a otros entes de tu categoría; entes que no pudiste encontrar en un lugar tan cotidiano y abismal como La Tierra. Por esta razón, siempre estuviste por encima del resto de los mortales, a pesar de que intentaras por todos los medios bajar a su nivel.
Yo lo sabía y aún así pretendí conquistarte. Intenté alcanzar tus encantos, encadenarlos a mi alma, sentir tu corazón desbocado bajo el mío, besar el deseo de unos ojos celestes y pegarme a un aliento que suspiraba desde las entrañas del universo. Anhelé tocar un sol ardiente y abrazar un agujero negro. Fue un intento de la nada, puesto que caí esclavo de tus virtudes, como un planeta aprisionado ante la luz vivificadora de su sol.
Mientras yo sepultaba mi amor en el fondo de un mar de orgullo, tú ascendías en el aire como una nube inalcanzable: todo suavidad, todo pureza. Quien pudiera rozar tu piel volátil, podría considerarse el hombre más afortunado del mundo.
Todavía así, yo no quise rendirme. Quería obtener tu cariño aunque tuviera que despreciar, arriesgar o condenar mi vida. De esta forma, me licencié en física, transcurrí cuatro años en la marina y finalmente ingresé en la N.A.S.A. Cuando mis aptitudes estuvieron firmemente desarrolladas, pude apropiarme de una nave espacial. La infinidad del universo estaba al alcance de mi mano.
Desde entonces, he navegado por el cosmos incansablemente, buscando el brillo de tus ojos en una estrella perdida.
martes, 2 de enero de 2018
Desfallecernos
martes, 28 de noviembre de 2017
Mi universo
Has sido esculpida con trocitos del universo: polvo de estrellas, soles ardientes, enanas blancas y nebulosas de gas. La canción del cosmos a la puerta de tus labios y tus pensamientos surcando a la velocidad de la luz. Alrededor tuyo orbito como un planeta condenado a no alcanzarte, deseoso de que te unas a mí en una explosión agónica.
jueves, 8 de junio de 2017
El universo se detiene
En esa posición de íntimo arrebato, el cosmos nos seduce con su hálito de sueño. Quiere adormecernos y en la ausencia de nuestra consciencia, confirmar cómo se hablan las pieles abrazadas, presionadas por los dedos aferrados a la espalda contraria. Tu cabeza reposando en mi pecho. La mía en tu cabellera. Y entre castillos y veredas soñar con no separarnos, físicamente, jamás.
Así, en la polución del sexo y en la relajación del amor, nos suspendemos entre caricias y arrumacos, al tiempo que las galaxias orbitan, como anillos nupciales, alrededor de nuestra pasión. Las palabras dejan aire a los latidos, la respiración se susurra pausada, y los kilómetros se vuelcan sobre los miembros femeninos y masculinos, entrelazados como un ovillo de lana.
martes, 13 de diciembre de 2016
martes, 26 de julio de 2016
Reconstruyendo el Big Bang
Péndulo oscilante de penetrante aguja, marcando las horas en tu reloj de sol. Sofoco de lluvia arreciando sobre la tierra de tu vientre. La boca que devora una boca, el labio que muerde y se deja morder. El pico que excava en la mojada gruta, incesantemente.
La sonda se pierde en tu regazo buscando la raíz de tus gemidos. Son estos el papel blanco que transcribe arañazos, en mi espalda, en mis muslos y en mi rostro quemado. Brilla tu boca roja, tu lengua roja, tu mejilla roja. Atrae la negrura de tus ojos y de tu pelo. Me quemas y me absorbes. Estoy invaginado en tu interior como un recién nacido.
Se deshacen en pedazos las olas del mundo. Los terremotos arrastran nuestras almas en vela. El cielo se desprende del cosmos y cae sobre nosotros, nos aplasta, nos presiona, nos tensa la piel y la agonía. A punto de explotar.
Me comen la cara los suspiros de tu garganta. Me ensordecen los clamores ostentosos de tu orgasmo. Ardo en la felicidad de saberte complacida, herida, denostada, injuriada, apretada contra mí, acuchillada por mis embestidas.
Se agita el seno nevado. Se agita tu pelvis enloquecida bajo la mía. Montaña rusa. Cohete espacial. Viaje alrededor de una estrella a la velocidad de la luz. Restituyamos la dualidad del ser humano al corrernos mutuamente en la fundición de nuestros cuerpos.
Se desploman las ansias viriles y descansan las piernas femeninas. Un hombre condensado en una mujer. Una mujer diluida en un hombre. El corazón que late sobre y bajo el pecho ajeno. Los ojos mirándose en un recíproco reflejo. Placer y amor revueltos en el sudor, la sobredosis, el fin del universo.
Reconstruyendo el Big Bang con dos corazones.
jueves, 21 de abril de 2016
Polvo de estrellas
de los horizontes encontrados
En una explosión de carne
y libertad.
y beberse con la sed del orgasmo,
buscando una boca en la que apoyarse
para levitar.
sentir el crepúsculo acercarse,
a la estridente llegada del cenit
abrasador.
mientras se agota la casta salvaje
y la pasión hace añicos
los restos del amor.
en cuyo trayecto se calma y atempera
hasta que no queda en el universo
más que una sosegada respiración.
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jueves, 29 de octubre de 2015
La espesura del amor
Esfera de cristal al unísono. Tus poros repletados de mis efluvios, pálida carne sumergida en la espuma del mar. Se abre la cueva de las galaxias y las estrellas muerden incansables. Ataque fortuito, devolución vengativa. Una supernova que corta nuestras miradas. Es la espesura del amor.
Los cabellos se funden y se desgarran, cayendo por la límpida tierra como cae el rocío de un cometa. En el contacto, el tacto se aparta, quemado, y vuelve a la hoguera donde se canaliza; nada puede escapar del círculo vicioso de la espesura del amor.
Fluyen las lágrimas y el sudor de los agujeros negros, pupilas centelleantes. Las pestañas cortadas por el viento huracanado de los gemidos. El aire es pesado, agónico, ardiente, cargado de sensualidad. Persiste un perfume de dominación absoluta, propio de la espesura del amor.
Vagan los besos de un lado a otro, cuerdas que descienden del cielo y se enredan en el vello púbico. Se calientan los genitales como cerillas; el fósforo de tu boca; el fósforo de mis labios. Duele y se carboniza; mártires de nuestro sufrimiento compartido, el mismo que se hincha en el interior de nuestras carnes hacia arriba, hacia arriba, siempre hacia arriba. La bomba de relojería acabará, tarde o temprano, con la espesura del amor.
Se abrazan los universos en un único cosmos; condensación de células, fusión nuclear, química de los sentidos absortos y absorbidos por el estallido de la fuerza y la bestialidad. Rotas las barreras del género; aunados los entes sexuales; la antigua fisión deja paso a un trastornado Big Bang, donde la absoluta presencia de las cosas y pensamientos se ha concentrado para explotar.
Y, al fin, la espesura del amor lo tiñe todo de su simbólico color albino, y nuestros ojos se cierran, cayendo una mirada sobre la otra mirada, tomando consciencia de un sueño del que ya nunca despertaremos.
jueves, 26 de marzo de 2015
Solos tú y yo
En aquel momento, sólo existíamos tú y yo.
jueves, 12 de marzo de 2015
En busca de una estrella
Cuando naciste, una estrella se prendió en el firmamento. Aún no había sido descubierta por el ser humano, pero cuando sus telescopios la vislumbrasen, la bautizarían con tu nombre. Hasta ese momento tu existencia quedaría únicamente ligada a La Tierra.
Desde tu nacimiento, fuiste algo más que una persona, algo más que una mujer. El cosmos te guardaba un sitio junto a otros entes de tu categoría; entes que no pudiste encontrar en un lugar tan cotidiano y abismal como La Tierra. Por esta razón, siempre estuviste por encima del resto de los mortales, a pesar de que intentaras por todos los medios bajar a su nivel.
Yo lo sabía y aún así pretendí conquistarte. Intenté alcanzar tus encantos, encadenarlos a mi alma, sentir tu corazón desbocado bajo el mío, besar el deseo de unos ojos celestes y pegarme a un aliento que suspiraba desde las entrañas del universo. Anhelé tocar un sol ardiente y abrazar un agujero negro. Fue un intento de la nada, puesto que caí esclavo de tus virtudes, como un planeta aprisionado ante la luz vivificadora de su sol.
Mientras yo sepultaba mi amor en el fondo de un mar de orgullo, tú ascendías en el aire como una nube inalcanzable: todo suavidad, todo pureza. Quien pudiera rozar tu piel volátil, podría considerarse el hombre más afortunado del mundo.
Todavía así, yo no quise rendirme. Quería obtener tu cariño aunque tuviera que despreciar, arriesgar o condenar mi vida. De esta forma, me licencié en física, transcurrí cuatro años en la marina y finalmente ingresé en la N.A.S.A. Cuando mis aptitudes estuvieron firmemente desarrolladas, pude apropiarme de una nave espacial. La infinidad del universo estaba al alcance de mi mano.
Desde entonces, he navegado por el cosmos incansablemente, buscando el brillo de tus ojos en una estrella perdida.
jueves, 25 de diciembre de 2014
Mi universo
Has sido esculpida con trocitos del universo: polvo de estrellas, soles ardientes, enanas blancas y nebulosas de gas. La canción del cosmos a la puerta de tus labios y tus pensamientos surcando a la velocidad de la luz. Alrededor tuyo orbito como un planeta condenado a no alcanzarte; deseoso de que te unas a mí en una explosión agónica.
miércoles, 5 de diciembre de 2012
En busca de una estrella
Desde tu nacimiento, fuiste algo más que una persona, algo más que una mujer. Tuviste tu sitio en el cosmos rodeada de otros entes de tu categoría; entes que no pudiste encontrar en un lugar tan cotidiano como La Tierra. Por esta razón, siempre estuviste por encima del resto de los mortales a pesar de que intentaste por todos los medios estar a su nivel.
Yo lo sabía y aún así pretendí conquistarte. Intenté alcanzar tus encantos, encadenarlos a mi alma, sentir tu corazón desbocado bajo el mío, besar el deseo de unos ojos celestes y pegarme a un aliento que suspiraba desde las entrañas del universo. Intenté tocar un sol ardiente y abrazar un agujero negro. Fue un intento de la nada, ya que caí esclavo de tus virtudes, como un planeta aprisionado ante la luz vivificadora de su sol.
Mientras yo sepultaba mi amor en el fondo de un mar de orgullo, tu ascendías en el aire como una nube inalcanzable: todo suavidad, todo pureza. Quien pudiera rozar tu piel volátil, podría considerarse el hombre más afortunado del mundo.
Aún así, yo no quise rendirme. Quería obtener tu cariño celeste aunque tuviera que despreciar, arriesgar o condenar mi vida. De esta forma, me licencié en física, transcurrí cuatro años en la marina y finalmente ingresé en la N.A.S.A. Cuando mis aptitudes estaban firmemente desarrolladas, pude apropiarme de una nave espacial. La infinidad del universo estaba al alcance de mi mano.
Desde entonces, he navegado por el cosmos incansablemente, buscando el brillo de tus ojos en una estrella perdida.
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sábado, 27 de octubre de 2012
Mi universo
Has sido esculpida con trocitos del universo: polvo de estrellas, soles ardientes, enanas blancas y nebulosas de gas. La canción del cosmos a la puerta de tus labios y tus pensamientos surcando a la velocidad de la luz. Alrededor tuyo orbito como un planeta condenado a no alcanzarte; deseoso de que te unas a mí en una explosión agónica.
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