Remendaste mi corazón con la lluvia de la noche. Quien me iba a decir que en la tormenta aciaga, en la distancia amarga, tomarías mi mano para guiarla hacia una luz desconocida. Como la humedad del firmamento, te filtraste por mi poros hasta mi alma; dentro, mía para siempre, por influjo de la química. Átomos covalentes de energía solar. Arreglaste mi espíritu cosiendo a bocados mi carne y convertirme así en un ser sin cuerpo: sólo intelecto, sólo sabiduría, sólo emoción y sentir, sólo felicidad e ilusión, sólo futuro mirando al presente por tus ojos de caoba. Mi buena costurera y modista que diseñó para mí la vida que todo hombre desea.
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martes, 11 de agosto de 2015
Remendando corazones
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