Cita

Autor

viernes, 9 de noviembre de 2012

Rencor, celos, odio y traición

Cada orgasmo sembró una arruga en tu frente; cada goce mancilló un poco más tu alma dedicada a la egolatría; cada risa fortaleció la piedra de tu corazón y cada roce desvirtuó con grietas el cristal de tu mirada.De esta forma, ajada, sucia, pétrea y agrietada, te descubrí un amanecer amancebándote entre contenedores de basura; sola como un sentimiento que nadie quiere; desamparada como la cara oculta de la luna que nunca se ilumina; desterrada como un ángel caído que un día fue la gloria de Dios; traicionada por un eterno amor tragado por un agujero negro.

Te vi en este estado tan lamentable, que me acerqué a ti con intención de ofrecerte ayuda. Sabía que un beso, un te quiero, una caricia dulce o una mirada sincera curaría tus pecados, tus mentiras, tus egoísmos y tus falsas promesas, devolviéndote la pureza y la candidez con la que te conocí años atrás.


Sin embargo, no lo hice: te ignoré, rencoroso, despiadado y terco, y me marché de aquel contenedor en el que te pudrías.


Después de eso me dediqué a gozar, a disfrutar de mí mismo, a reírme del mundo y a utilizar mi franqueza como un arma letal.


Al final, terminé en el mismo vertedero que tú.


Ningún beso ni ninguna caricia pudo salvarnos.


Iraultza Askerria





Archivado en: Microrrelatos Tagged: Celos, odio y traición, Rencor

No hay comentarios:

Publicar un comentario